"HAGA LO QUE HAGA, SIEMPRE METO LA PATA"

Secularizados, mística y obispos: Josemari Lorenzo
02 ago 2017 - 18:22

Esta frase me decía una mujer joven, en desahogo de cuanto le sucedía en casa. Era un persona de buena voluntad; procuraba corregirse, pero nunca satisfacía el comportamiento a su madre. Estaba al borde del ataque de nervios. "Y esto me sucede desde muy niña - refería Ana - ; y ya ando próxima a los treinta. Jamás una palabra de aliento y menos la alabanza más insignificante. Todo reproches". ¡Cuántas personas podrían afirmar lo mismo refiriéndose al trabajo, a la familia, a un ambiente cerrado!

¿Qué hacer cuando nos prueban las fuerza de tal manera que peligra nuestra integridad psicológica, y nos colocan al borde de la depresión e incluso de la desesperación? Porque en estos ambientes el diálogo sosegado con los acosadores suele ser inútil; y normalmente se ha intentado en repetidas ocasiones llegar a un entendimiento.

No podemos caer bien a todo el mundo; es evidente; pero es muy triste cuando uno siempre desagrada a la propia madre, al jefe en el trabajo, al grupo reducido de compañeros. La envidia y la mezquindad rondan por todos los lugares, y podemos quedar a merced de la intransigencia enfermiza de unos cuantos prepotentes o acomplejados. Los atacantes suelen ser gente primaria e insensata, y es inútil pretender cambiarlos. Estos seres no pueden condicionar nuestras vidas; no debemos andar mendigando su aprobación que nunca llegará. No vamos a menospreciar a nadie, y hemos de darles toda clase de oportunidades, pero es inútil: jamás se corregirán. Jamás reconocerán su carácter insoportable. Así son. ¿Solución? Poner tierra por medio o pasar olímpicamente de la opinión y criterio de estos seres acomplejados - dicho sea con todo respeto.

Conocí a un hombre muy santo. Él había sido probado reiteradamente por personas de este cariz. Lo llevaba con tal paz que ni siquiera se veía en la necesidad de huir de aquel ambiente. Él consideraba a aquellos sujetos como muy débiles; como enfermos. Y a lo mejor tenía razón. A veces dudamos quienes son los débiles si los mártires o los verdugos. Yo pienso que los mártires son más fuertes, pero no todos tienen vocación de mártir, y nadie quiere ser víctima inocente. Como todo el mundo no goza de la fortaleza necesaria para superar este ambiente de tirantez y humillación, lo mejor será poner tierra por medio. Para ello también hace falta mucha fortaleza; pero en realidad todos necesitamos un ambiente sano y nadie hoy ha de ser esclavo de nadie.

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