Con emoción, con cierto temblor interior leía hace ya algunos meses la sencillez, la entrega, humildad, intimidad de amor entre ellos: los primeros jesuitas en torno a San Ignacio. Es hermoso el nacimiento de todas las congregaciones religiosas, como también es hermoso el tiempo de nuestra primera conversión a Dios.
¡Qué poco les costaba a los primeros jesuitas hablar entre ellos de cosas espirituales, de las cosas de Dios! Y cuánto cuesta ahora entre sacerdotes hablar de estos temas, no en plan intelectual, sino en plan vivencial. Yo creo que debiéramos hacer un esfuerzo en nuestro ambiente en este sentido. Pero hay que llenarse bien de Dios en la oración.
José María Lorenzo Amelibia
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