José Arregui, el franciscano vasco de mayor actualidad, hace unas declaraciones. Actualidad.


En una entrevista de José Manuel Vidal a Joxe Arregui, en “El Mundo” 3-9-10, hace el P. Arregui varias declaraciones de gran interés. Tomamos nota de algunas.

Comienza la entrevista recordando que Mons. Munilla, el obispo de San Sebastián, le obligaba a Arregui a guardar silencio por haber criticado su nombramiento como obispo; después le amenazaba con enviarlo a Latinoamérica.

Áfirma que él no se seculariza, ni deja el sacerdocio ministerial, se exclaustra y sale del convento. Piensa que ganará su vida en la Universidad de Deusto. Y seguirá comprometido con la comunidad cristiana; vivirá la espiritualidad y buscará formas nuevas de vivir su fe cristiana.

Dice:
- Sinceramente no guardo ningún rencor para Mons. Munilla. ¿Por qué habría de hacerlo? Yo no juzgo a su persona. Él no es más que un peón de un sistema eclesiástico, que simplemente me parece anacrónico y puede ser a menudo inhumano.

- Lo urgente es poner todos un granito de arena para que la Iglesia sea terapéutica y no patógena, para que sea fermento de aquella humanidad justa y fraterna que soñó Jesús, y no la pesada maquinaria burocrática que ha llegado a ser; no la secta fundamentalista que está llegando a ser , obsesionada por la doctrina y la moral personal (sexo, familia, reproducción).
- Tal vez lo que más me ha dolido es el vacío de algunos franciscanos que me son más próximos, pero no tiene importancia.
- Es muy triste ver que en la Orden hay gente que aspira a la mitra, y no repara en medios.
- Me desvinculo de la Orden Franciscana o de los votos religiosos. De momento ni siquiera me planteo dejar el sacerdocio.

Breve comentario: Nuestro amigo el periodista J. M. Vidal ha dado la oportunidad de hablar a Arregui. Nos alegramos de ello. Aparece el ex franciscano como hombre magnánimo, sencillo, sincero, creyente y muy religioso. Denuncia ciertas actitudes dentro del seno de la Iglesia, a las que deben prestar gran atención los dirigentes de la misma, para lograr purificarse y ayudar a la limpieza de intenciones dentro de las órdenes religiosas.

Lo relativo “secta fundamentalista que está llegando a ser la Iglesia”, convendría matizar mejor. Porque no se puede meter en el mismo saco los asuntos de mero Derecho Canónico con las verdades eclesiales definidas por concilios o tradición apostólica. De todas formas es cierto que necesitamos unos obispos llenos de amor, dialogantes; mucho más pastores que jueces; mucho más amigos que seres lejanos superiores.

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