Jubileo de la Misericordia y ley del celibato

Secularizados, mística y obispos: Josemari Lorenzo
27 mar 2018 - 18:43

Así recuerda José María Lorenzo, presidente de la Asociación de sacerdotes casados españoles (ASCE), al secretario de su asociación:

“Hemos trabajado durante estos años para conseguir una reintegración en el ministerio por considerarlo de estricta justicia teologal. Nada hemos conseguido al respecto. Seguiremos adelante trabajando, convencidos que lo importante no es haber conseguido nuestro objetivo primero de la reintegración, sino haber colaborado eficazmente en el Reino de Dios. El 18 de junio de 1998 moría nuestro amigo Francisco Mantecón Ramírez, con 79 años de edad... Su paso de este mundo fue como lo que él era: como el de un hombre enamorado de Dios. Su esposa, Sole, nos dice que hasta el momento de su tránsito estuvo repitiendo jaculatorias con gran paz. Ha sido ejemplo en su vida y en su muerte.

Vivió su sacerdocio todos los días de su existencia terrena. Rezaba el oficio divino, celebraba en ocasiones la Eucaristía de forma privada, practicaba a diario la lectura espiritual y la oración mental, era hospitalario, amable con todos, deseaba siempre hacer un favor a cualquiera. Era desde 1982 secretario de nuestra Asociación, y uno de lo socios fundadores en 1977”.

El Espíritu Santo nos sitúa en el amor y en la libertad

El Espíritu Santo actúa también en los “ministros” eclesiales casados, de rito oriental y occidental, católicos y anglicanos... El Espíritu nos sitúa en el “amor” y en la “libertad”: “donde hay Espíritu del Señor, hay libertad” (2 Cor 3,17). Jesús vivió el amor de Dios saltándose leyes humanas, cuando las creía dañinas para la vida física o social (curar, coger espigas en sábado, tocar enfermos, trato con mujeres...). A Jesús le juzgaron y condenaron “según la ley” (Jn 19,7). Con buena intención, la autoridad eclesial, apegada a la ley, sigue condenando a quien sigue la libertad de Jesús frente a la ley humana. No son capaces de volver a la libertad de uso matrimonial, anulada en el siglo IV, y de matrimonio en el s. XII. Clericalismo sin base evangélica birlando protagonismo a la comunidad: “todos sois hermanos... Entre vosotros nada de dominio, imposición, hacerse llamar bienhechores” (Mt 20, 25-28; Mc 10, 42-45; Lc 22, 24-27).

Los sacerdotes casados han necesitado mucha fortaleza del Espíritu para dejar el ministerio, para superar presiones personales y sociales. La Iglesia, sus dirigentes, se ha limitado a encajarles en la ley. Cuando se resisten, no reconocen al Espíritu Santo que actúa en ellos. Obedecen a la Ley, no al Espíritu. Cuando la ley se vuelve carga insoportable, desequilibra la personalidad, obliga a violentar sentimientos limpios y derechos claros como cuidar los hijos habidos o respetar a la mujer... entonces hay que acudir al Cristo de la Misericordia y preguntarle qué hacer. El Espíritu quiere y bendice la libertad. Y sin castigo añadido. Jesús no impide ejercer el don del Espíritu, otorgado en la sagrada ordenación sacerdotal, a quien no puede con el celibato.

Dirigentes de la Iglesia, ¡convertíos!

“Misericordia: es la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con con ojos sinceros al hermano que encuentra en el camino de la vida” (Misericordiae vultus” n. 2).

Pidamos al Espíritu Santo que el papa y los obispos “miren con ojos sinceros al hermano” sacerdote que pide ser liberado del celibato, pero no del ministerio, don de Dios a la Iglesia.

Rufo González

José María Lorenzo Amelibia

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