LUZ DEL MUNDO
Muchas veces has recordado aquello del Evangelio: "Vosotros sois la luz del mundo. Vosotros sois la sal de la tierra. Pero desde hace tiempo resuenan estas palabras en tu corazón, como campana de reloj recién estrenado. Por algo será, amigo. También a mí me viene ocurriendo.
En la oración escuchas de continuo la voz de tu Señor: "Anda, vete a tus hermanos. ¿No ves cómo las fuerzas del mal corroen las raíces tiernas de tantos neófitos?"
Es hora de levantarnos del sueño. Y tu acción será luz en todos los ambientes: familia, profesión, amistades, conversaciones, encuentros fortuitos.
Es tiempo de abandonar el vestido del hombre viejo: el que se avergüenza de aparecer bueno por haber obrado el mal en su juventud, y poder resbalar así por las sendas del ridículo.
Cada día un poco. Algo en cada momento. Unido siempre al Señor. El irá inspirando una palabra, una sonrisa, un pequeño favor, un consejo o una oración, en compañía de quien se encuentra al borde en la desesperanza porque todo lo ha probado y de todo se hastió.
¡Si supieras ya encender pequeñas luces con ese fuego interno que el Dios prendió en tu alma desde la primera conversión!
Serás luz y calor para los demás. El fuego se comunica al soplo del viento suave del Espíritu. Y nosotros hemos de incendiar el mundo con este amor divino que nos abrasa.
Más bondad con todos. Más justicia. Mayor perfección en nuestras obras ordinarias. Y buscar el momento preciso para introducir la llama de nuestra fe ardiente en el corazón de los hermanos.
Lo desea Jesús para nosotros. Nos lo recuerda la liturgia: "Luz para iluminar con la fe a las naciones y gloria de tu Pueblo, Israel."
José María Lorenzo Amelibia
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