Marie Valay, madre heroica

El año 1982 falleció en un hospital de una pequeña ciudad de Francia un hombre que, desde 1955, cuando tenía veinte años, se hallaba inconsciente en estado de coma. Paul Valay era su nombre. Una noche de diciembre fue atropellado junto a otros dos amigos por un turismo sin control. Uno de ellos resultó prácticamente ileso. El otro murió a los dos días. Paul ya no pudo recobrar el conocimiento. Parece que se trata del caso más largo en estado comatoso de toda la Historia.


La madre de este muchacho era viuda desde hacía tres años. La fe no abandonaba a esta mujer sencilla, amable y creyente. Fe tan inagotable la llevó durante diez años seguidos a Lourdes a buscar la salud de su hijo. Hasta que la artrosis le impidió a ella estar largo rato de pie.

Después de cuatro años de hospital, Marie Valay obtuvo el consentimiento de los médicos para trasladar a su hijo al apartamento familiar. Paul siempre permanecía inmóvil con la respiración tranquila; la madre, en constante vigilancia, esperando el despertar de su hijo. Aparecieron en Paul las primeras canas, las primeras arrugas; los músculos se iban atrofiando. En ocasiones enfermaba y había de ser hospitalizado. Su madre iba con él. Cuando ella era objeto de tratamiento, también el hijo era trasladado a la clínica.

En 1978 el Presidente de la República condecoró a Marie con la Orden Nacional del Mérito. Con esta ocasión recibió innumerables cartas y visitas de periodistas, atraídos por la serena dignidad de aquella mujer ejemplar, cuya mayor preocupación era morir antes que el hijo, porque ¿quién cuidaría de él?

Terminó ya aquella supervivencia excepcional y el calvario de amor de una madre heroica. "Tal vez ha sido lo mejor para él – dijo Marie al ver expirar a Paul – . Si así lo ha querido Dios... Ahora podré yo morir tranquila, para poder ir a reunirme con él".
Este es el ejemplo extraordinario de una mujer llena de amor a Dios y a su hijo. Es la réplica silenciosa a quienes "humanitariamente" hubieran optado por la eutanasia. Es el saber aceptar con fe una maternidad heroica.


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