Matrimonio anulado, y pidió de nuevo el ministerio

Secularizados, mística y obispos: Josemari Lorenzo
16 sep 2010 - 19:26

Voy a transcribir una carta de un compañero que se secularizó. Él deseaba seguir en el ministerio pero casado. Al fin optó por pedir la dispensa y contrajo matrimonio. Fue un hombre intelectual y profundamente sacerdote.

Pasaban los años, al no lograr que se conjugara, en las altas esferas vaticanas, matrimonio y sacerdocio, logró una declaración de nulidad de su matrimonio con el fin seguir en el ejercicio ministerial. Le apoyó su obispo. Pero nada consiguió, a pesar de que se conocen casos similares, con resultado exitoso.

Era entonces Ratzinger el cardenal de la Congregación de la Doctrina de la fe, el que llevaba estos casos. He aquí la carta que le dirigió a este cardenal nuestro compañero. (Omito los nombres propios para salvar su anonimato).

El texto de la carta:

“El pasado viernes me notificó el Ordinario la decisión de V.E. de que tengo que morir sacerdotalmente desempleado, pese a que no he cometido ningún delito correspondiente a esa sentencia.

Como sentenciado, a quien suele concederse se exprese por última vez, he aquí mis sentimientos.

Roma locuta est, y una vez más, utinam causa finita esset! Porque la astucia de la serpiente (Mt. 10, 16), parece estar decididamente acerca de quién es quién en el altar. Roma sabe que es muy alto el número de sacerdotes que conviven con una mujer sin preocuparse de la opinión de Roma al respecto, mientras que ingenuas palomas, como yo, anulan su matrimonio – condición vaticana – para nada. Con la sentencia de V.E. quedo en el limbo: ni en el ministerio, ni en el matrimonio.

Desde luego, en mi caso, el Evangelio de la misericordia ha sido adulterado con el pseudo cientificismo de la psicología, y no menos tergiversada la parábola del Pródigo. El padre olvida el pasado del hijo que regresa, y a mí no se me permite regresar en nombre del pasado. Y la oficina de V.E., entre otras evidencias exigía testimonios de sacerdotes a mi favor, cuando tenía ya a mi favor, el de sumos sacerdotes: un cardenal y un obispo.

El escrutinio de su oficina pasó también por alto jurisprudencia local; porque en esta región, no hace mucho, se le concedió el regreso al altar a un ex – monseñor, ex – casado con una monja. Quizá porque quien sentenció ahí en Roma a su favor, tuvo presente, más que nada, el Evangelio de la misericordia. ¡Cuántas veces repetía mi obispo: “Si a él se lo concedieron…!

Como dije al señor Obispo, el pasado día 18, agradeciéndole lo que había hecho por mí tratando de emplearme sacerdotalmente, “me queda por delante el Juicio Final”, al que definitivamente no pondré peros, pero entretanto, no considero muy evangélica la decisión de V.E. Y gracias por tolerar que el sentenciado exprese sus sentimientos. El agradecimiento sería mayor si mis sentimientos atrajesen su clemencia.”

Nota: esta carta no obtuvo respuesta.

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