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¿Navarra – en España - país de misión?

Secularizados, mística y obispos: Josemari Lorenzo
19 sep 2010 - 23:37

Fui párroco en el arciprestazgo de la Berrueza, en Navarra, hace cincuenta años. Allí estábamos sirviendo a los diez pueblos, ocho sacerdotes. Pero ahora cuento algo sorprendente, algo que me hace sospechar que Navarra es país de misión. Algo muy reciente.

Aquellos ocho sacerdotes, a lo largo del tiempo, poco a poco, desaparecieron. Y he aquí que en el último lustro era servida la pequeña región navarra por dos misioneros polacos. Han salido, y… ¡nadie para atender aquella feligresía! Pero el señor arzobispo de Pamplona ha encontrado una solución, pobre, pero muy realista. Ocho frailes, hermanos, sin Misa, van a atender estos pueblos: “La comunidad de Peregrinos de la Eucaristía”. Va a residir esta congregación en la localidad de Acedo.

A ellos acompaña un sacerdote. A la toma de posesión del párroco y de los acompañantes se le dio una importancia y una solemnidad fuera de lo común: con canciones, cohetes, procesión y concierto posterior. Incienso, liturgia, pueblo asistente. ¡Una maravilla! Todo esto me recuerda el recibimiento que se hacía en algunos lugares lejanos a los misioneros cuando entraban.

Desde hace años preparaban, en la provincia más misionera del mundo a lo largo de muchas décadas, nuevas iniciativas pastorales para paliar la carencia de vocaciones. Pienso que en décadas posteriores la penuria va a ser mucho mayor. Y si la patria de San Francisco Javier puede llegar de lleno a ser país de misión, ¿qué serán otras zonas de España donde la abundancia de clero ha sido tradicionalmente menor?

Y ahora alguna consideración por mi parte: Bien, sí, por las iniciativas llenas de celo pastoral. ¡Faltaría más! Bien por el fervor de gente joven que forma parte de hermandades eucarísticas. Estupendo. Pero estamos poniendo parches a un problema muy profundo.

He estado en aquellos valles en mi juventud. Entonces hubiéramos podido encontrar en cada uno de los pueblos más de un seglar casado, capaz de guiar una parroquia rural, como sacerdote y como párroco. No era necesario, porque sobraban curas. Pero había mucha fe, muchísima fe en aquellos pueblos. Hoy no sé cómo estarán después de años y años sin un sacerdote en cada parroquia, o cada dos parroquias.

Pero, ¿Por qué no orientar a estas jóvenes congregaciones hacia el sacerdocio? ¿Por qué no dejar de asustar de una vez a los jóvenes con el fantasma del celibato de por vida? ¿Por qué no fomentar el sacerdocio, sobre todo en el plano rural, en gente casada, ¡que todavía los hay con vocación!?

Los años pasan; la increencia crece a pasos agigantados. Hemos de ayudar a la Providencia en la solución de un futuro de fe, sin necesidad de empecinarnos en los moldes anteriores que no sirven. Celibato, sí. Pero optativo.

Me gustan las y los misioneros seglares. Tienen un compromiso personal, muchos de ellos de por vida. Pero si un día quieren casarse o dedicarse a otra tarea, no necesitan andar pidiendo dispensas, sino, de persona a persona, de igual a igual, decirle al responsable: hasta aquí he llegado. Ahora echadme una mano. Quiero casarme, o cambiar mi vida por otros derroteros.

Por ahí pienso que han de ir los tiros en un futuro. Mayor flexibilidad en cuestiones celibatarias. Mayor fuerza de fervor y exigencia de santidad. Que para ser santo y para ser sacerdote no es necesario forzosamente el celibato.

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