Con lágrimas en el corazón le pedía hoy al Señor por la santidad de los obispos y de los sacerdotes. Se comenta mucho de la hipocresía de ciertos dirigentes eclesiales, y es necesario revisar nuestra conciencia a ver hasta qué punto será así. No invita demasiado a la conversión la manera de ser muchos prelados, porque no se les ve revestidos de amor, de celo, de espíritu de oración; no se aprecia exteriormente en ellos el convencimiento pleno de su ministerio apostólico. Sus discursos y homilías en muchos de los obispos, parecen una lección aprendida; pero no vivida. No se les ve en oración junto al Sagrario.
Hacen poco por que se abran las iglesias de su diócesis. Si Jesús está en le Sagrario, ¿por qué no se abren más las iglesias, como lo hacían antes los sacerdotes? ¡También entonces había ladrones y profanadores! Las ideas de nuestros obispos en la predicación se ven con mucha frecuencia como estereotipos prefabricados. Necesitamos obispos con gran fervor religioso; su palabra entonces sacará ampollas de amor divino en sus sacerdotes y en sus fieles. Conviértete hoy más al Señor, amigo obispo. Lo necesitamos todos. Pedimos a Dios por vosotros.
José María Lorenzo Amelibia
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