Obispos. Luchar contra la tibieza

Tal vez el problema mayor de cuantos tenemos fe y hemos decidido seguir al Señor sea la tibieza. Una tibieza sutil. No abandonan muchos la Misa ni las prácticas de piedad, pero las hacen sin vida alguna. Eucaristía medio distraídos; oficio divino corriendo. meditación sin preparación; comunión con acción de gracias relámpago. Piensan que su predicación (preparada someramente) les sirve de lectura espiritual y las consideraciones que dirigen a otros constituyen su propia meditación.


La oración apenas es personal: breves jaculatorias. Se sienten incapaces de estar sentados media hora junto al Señor: para amarle, hablarle de amistad, mirarle, enamorarse de El... y barrer suavemente distracciones. La oración se les hace dura desde antaño, desde que desaparecieron los primeros fervores: por eso la aborrecen en el fondo y prefieren unirse a Dios por medio de la acción. Este retrato es bastante frecuente dentro de nuestro clero "fiel".

Es necesario una campaña movida por sacerdotes de verdad fervorosos a favor de la oración personal abundante, de la lectura espiritual reposada. Nunca olvidar’ la frase del P. Cándido Arbeloa, director espiritual de los años cuarenta en el Seminario de Pamplona: "Opino que la lectura espiritual ha llevado a la perfección a más almas que la misma oración." Y se comprende. La lectura espiritual da materia de oración, anima a la oración, enfervoriza en la recepción de sacramentos.



José María Lorenzo Amelibia
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