PASCUA 2018 CICLO B

1 ABRIL

Madrugada pascual. Caminando en la penumbra, en el frescor del amanecer,
tres mujeres, una de ellas María la Madre y Virgen, se dirigen hacia el
sepulcro. Llevan sus brazos cargados de mirra y loe para embalsamar al que
m s querían, pero no lo encuentran en la tumba. ­Ha resucitado! ­No est entre
los muertos!


Perfume de alegría llevamos hoy cuando nos acercamos al Señor en la gran
Eucaristía Pascual. ­Aleluya! Es el día del triunfo de nuestro Dios. Buen olor
de alma resucitada y con esperanza.

Ungir a su Maestro era el deseo de las santas mujeres; que su cuerpo no
sufriera la corrupción. Y no hicieron falta los ungüentos. Jesús no podía
sucumbir a la última ley de la naturaleza. Había resucitado y había dejado
hasta el fin de los siglos el manjar que contiene la vida eterna, el Pan de
los Ángeles; su cuerpo, que nos preserva también a nosotros de la corrupción.
Luz eucarística en la madrugada pascual. Resplandor de resurrección. Es
preciso que los ojos de nuestra alma queden hechizados ante el fulgor de quien
ha resucitado para nuestra salvación.

Que prorrumpa el alma con la misma
exclamación que se oyó en el monte Tabor: "­Qué‚ bien se está aquí". Hagamos
también nosotros tres tiendas junto a Quien es nuestra fuerza y esperanza. Y
salgamos de este lugar encendidos en santo fervor, porque hemos de anunciar
al mundo el mensaje de Magdalena: Ha resucitado. Es cierta nuestra fe.


José María Lorenzo Amelibia
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