PUREZA DE INTENCIÓN

Cuando analizo mi vida en el examen, me doy cuenta de que al estudiar, al ir haciendo mil cosas corrientes de tipo voluntario, casi sin darme cuenta busco más mi propia satisfacción que la gloria de Dios. Por eso, es sabio desde el punto de vista de la vida interior purificar de vez en cuando la intención. Una vez al menos cada hora. Procurarlo sobre todo, cuando cambiamos de actividad o cuando miramos al reloj.


¡Cuántas obras de caridad y de apostolado habremos practicado por quedar bien o adquirir mejor fama! No está el problema en muchos años de espiritualidad ni en pocos, sino en procurar vivirlos a tope. Más valen pocos días de fervor que muchos de tibieza. Porque delante de Dios no se cuenta el número de actos, sino la calidad. Hemos de procurar cada vez más un amor puro a Dios, no un amor mercenario, como sería el quererle por el premio. Es decir: nuestro puro amor no ha de cobrar fuerzas con la esperanza, ni desanimarse con las tentaciones de desconfianza. Señor, - le hemos de decir,- "aunque no hubiera cielo, yo te amara, y aunque no hubiera infierno, te temiera."

Ojalá que nuestro amor sea como el de la esposa al esposo. Parece que la mujer sabe querer mejor que el hombre. Se deshace en detalles con su marido, se sacrifica, sin pretender a cambio nada fuera de la correspondencia en el amor. Así va a ser cada vez más nuestro amor a Dios. ¿Verdad?
Incluso en los bienes recibidos de la mano de Dios, alegrarnos más que por nuestra satisfacción, por haber cumplido la voluntad de Dios.
Un examen que podíamos hacer: observarnos tú y yo a ver cuántas cosas nos dan contento fuera de Dios, por sí mismas. Dinero, fama, estima, poder... Y limpiar de escorias más nuestro corazón. Hemos de ser conscientes de que menos amamos al Señor si amamos cosas fuera de El.
Algunas veces los autores de espiritualidad hilan muy fino en la cuestión de pureza de intención de querer sólo la gloria de Dios: Así San Bernardo dice más o menos: mirar no si Dios se agrada de mí, sino si yo contento a Dios. Parece una disquisición puntillosa, pero ¡cuánto entraña de buen amor! ¡Quien pudiera llegar a esta perfección! ¿Cuándo podré estar, Señor, así; con esta total entrega a Vos?

José María Lorenzo Amelibia
Si quieres escribirme hazlo a: jmla@jet.es
Puedes solicitar mi amistad en Facebook pidiendo mi nombre Josemari Lorenzo Amelibia
Ver página web: http://web.jet.es/mistica
Volver arriba