Aunque en Pascua no es tiempo de viacrucis

Enfermos y Debilidad

Aunque en Pascua no es tiempo de viacrucis

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Diario Síntesis

            Hace unos días entré en una iglesia importante recién restaurada. Me llegó al corazón el buen gusto, el sentido litúrgico y práctico que traslucía en cada uno de los detalles. Nada se les había escapado a los liturgistas ni a los teólogos. Da alegría ver templos así.  Me acompañaba un sacerdote muy relacionado con aquel santuario de mis devociones.  A él le hice esta observación cuando ya habíamos recorrido la mitad del recinto sagrado:

            - Aprecio de forma muy positiva que hayáis conservado las estaciones del vía crucis. Hoy, por desgracia, se van perdiendo en muchos lugares. Y hoy más que nunca deben conservarse, porque es la mejor catequesis práctica con relación al sufrimiento humano y al pecado.

             Aquel cura, lleno de fervor y bien documentado, me dijo con mucho énfasis:

            - Hoy el hombre se siente frustrado y se rebela contra todo; también contra la religión, porque su existencia entera está sometida al mal. Nosotros, los creyentes, no podemos dar al problema del sufrimiento humano la fácil respuesta de “Dios lo permite”. No convence a la gente moderna. ¿Cómo es posible que Dios, nuestro Padre, permita semejantes calamidades? Porque, si Dios existe, tiene que ser Bueno. Y si Dios no es amor, no es Dios.

             Me quedé pensativo y no me atreví a pronunciar una palabra. Me miró a los ojos mi amigo, esbozó una sonrisa y añadió:

            - Decir que Dios permite las cosas es situarlo fuera de nuestros problemas. Pero, a la luz de la cruz, comprendemos que el sinsentido del dolor ha tomado forma en la misma carne del Hijo de Dios. ¿Quién puede hablar de sufrimientos al ver que el Padre Celestial  ha entregado a su propio Hijo por nuestros pecados? Recorriendo las catorce estaciones se disipan en mi alma todas las objeciones que se formulan contra el dolor y la providencia divina.  Practicando con devoción el vía crucis, nuestras posibles “rebeldías” contra Dios nos “revelan” que el problema último del mal está en nuestro propio corazón, en el pecado.

             Estábamos finalizando el recorrido por la iglesia y estas fueron las últimas palabras de mi amigo el cura:

            - Las estaciones del vía crucis nunca deben faltar en nuestros templos; ¡y de una manera bien plástica! Con frecuencia mi oración la practico de esta forma tan sencilla y tan tradicional. Te aseguro que me hace mucho bien.

José María Lorenzo Amelibia

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