QUINTÍN HUARTE

Secularizados, mística y obispos: Josemari Lorenzo
17 jun 2013 - 13:35

PÁRROCO DE MILAGRO (Navarra)

Tuve la suerte de conocer a Don Quintín Huarte por los años sesenta, cuando dirigí, en la casa de Ejercicios de sus misioneras de Milagro, varias tandas a señoritas.

Había nacido este gran sacerdote en 1906, en una aldea diminuta de la provincia de Navarra (España), Villaveta. En noviembre de 1931 fue ordenado sacerdote; su primer destino, coadjutor de Falces. La mayor parte de su vida fue párroco de Milagro; durante cuarenta y tres años.

Aquel pueblo se transformaba bajo el cayado de tan buen pastor. - ¡Oh si fueran como él todos los sacerdotes! - Don Quintín obtuvo de la gracia de Dios transformar un pueblo. Todos podían afirmar que aquella parroquia era ferviente, misionera, verdaderamente cristiana. Pero ¡lo suyo le costó! Porque él era sacerdote de mucha oración y penitencia; de aquellos seguidores del cura de Ars.

Recibió del Señor los grandes dones de espíritu de oración y el celo por la gloria de Dios y la salvación de las almas. Todo ello cristalizó no sólo en poder regir una parroquia modelo, sino en la fundación de una Congregación dedicada sobre todo a vida misionera, las Esclavas Misioneras de Jesús; corría entonces el año 1954.

Desde su jubilación estuvo de capellán de sus propias religiosas misioneras en la misma localidad.Allí atendía a los numerosos cristianos que practicaban ejercicios espirituales; colaboraba con los sacerdotes directores de tandas de ejercicios; formaba y orientaba a sus religiosas; fue padre y consejero de muchas personas, antiguos feligreses suyos. Su temperamento abierto, decidido y constate rimaba a la perfección con la gente franca de la Ribera de Navarra. Don Quintín además de ser santo era una persona muy querida.

Hablar de Don Quintín era siempre mencionar a alguien como una institución del pueblo y de toda la zona; sobre en las décadas de los 50 a los 80 en toda Navarra sonaba el nombre de este sacerdote como verdadero líder religioso dentro del clero. Todos lo considerábamos como un hombre de Dios, lleno de entusiasmo por las cosas espirituales; era radiante en su obrar; se entusiasmaba por todo lo bueno que puede amar un sacerdote: la santidad propia, la santificación de las almas, las misiones. El celo por las almas y la bondad que transmitía, tenían su origen en una sola fuente: la oración, su unión íntima con Dios.

Se le podía ver centenares de veces de rodillas o sentado en la iglesia o en la capilla de sus Misioneras. Cada día pasaba largas horas hablando con el Señor, adorándole y suplicándole muy concentrado. Por la mañana acostumbraba a dar un paseo mientras rezaba el rosario a la Virgen de la que era muy devoto. De la abundancia de su vida interior brotó su apostolado, su trato ejemplar con la gente. Siempre buscaba el bien espiritual de cuantos se acercaban a él y de aquellos a quienes él se dirigía.

Dentro de los objetivos de Don Quintín podíamos destacar éstos:

•Dar gloria a Dios, siendo sacerdote santo.

•Vida de oración y austeridad.

•Celo por las misiones y por todas las obras misioneras.

•Devoción esmerada a la Santísima Virgen María.

En este sentido hemos de destacar su constancia en dedicar el sábado a su amada Madre la Virgen María. Para honrar a Nuestra Señora practicó el ayuno todos los sábados y rezó todos los días los quince misterios del Rosario.

El Señor lo llamó a la Casa del Padre el 13 de mayo (el día de la Virgen de Fátima) de 1989.

Don Quintín, sí, fue fundador de una congregación. Las "Hermanas Esclavas Misioneras de Jesús". Ellas han trabajado con ilusión en Ruanda durante diecisiete años, pero hubieron de abandonar aquel país a causa de la guerra de 1993. Hoy estas misioneras no son muy numerosas, pero ahí están. Tienen residencia en el pueblo de Milagro y en Méjico, en la localidad de Coactacoalcos.

La Hermana Lucía Castellnou es una de las misioneras que rigen los destinos de esta Congregación. Su dirección es: "Esclavas Misioneras de Jesús"- 31220 Milagro (Navarra) España. Tfno. 948. 861008. Son religiosas de gran celo misionero y de gran humildad en su acción y en su ser. Cualquiera que entre en contacto con ellas lo podrá comprobar.

¡Que abunden hoy los sacerdotes con el celo de este hombre de Dios, Don Quintín Huarte! ¡Señor, danos sacerdotes santos!

José María Lorenzo. Mi correo electrónico: mistica@jet.es

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