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El Papa, con las víctimas

UN RECURSO CONTRA LA DEBILIDAD, LOS ANIMALES

No es la primera vez que tratamos de animales y salud. Hoy día el tema gana puntos en todas las revistas y periódicos. Y son muchos los seres irracionales que contribuyen a paliar el sufrimiento humano: caballos, perros, delfines, mascotas variadas e incluso animales de corral. Con el avance de la humanidad llegamos a nuevos descubrimientos en este terreno.

Los caballos tienen un gran valor para la rehabilitación de sujetos con discapacidad psíquica o sensorial, con problemas afectivos e incluso parapléjicos. La fundación "Carriegos", en León, ha tratado a un millar de personas con resultados positivos. Y, cosa curiosa, permite mejorar las habilidades de habla a los autistas.

Gallinas, gatos, aves, peces, incluso cerdos, son empleados para aliviar síntomas autistas, depresiones, y el mal de Parkinson. Con este tratamiento pronto se advierten beneficios en el área de lenguaje, motora y de relación. Los perros y los gatos han sido siempre compañía que palia la soledad, reduce la ansiedad y también ayuda al movimiento físico.

Pero entre todos los seres vivos no humanos, son los delfines los que merecen la medalla de oro por ayudarnos en distintas enfermedades. La única pega, que no resulta fácil acceder a ellos, y supone un gasto no al alcance de todos los bolsillos. Influyen en la salud de niños y adultos. No son muchos los centros que existen con esta especialidad en el mundo; uno de ellos en Tenerife. Los efectos saludables de estos animales se experimentan sobre todo en casos de autismo, aspérger, síndrome de Down y otras patologías que dificultan la atención y relación. Mejora sensiblemente junto a ellos, a través de sucesivas inmersiones, la capacidad comunicativa y cognitiva, la concentración y la memoria.

Todo esto me parece muy bien. Estamos ganando mucho con el acercamiento del mundo animal para ayudarnos a las personas. Mas, por desgracia, va disminuyendo la comunicación entre los seres racionales. El egoísmo nos hace insolidarios. Nuestra sociedad ha mejorado en dar algo: dinero cuando hay catástrofes, incluso cobijo a personas, cuando llegan los desplazamientos masivos en concentraciones de tipo religioso, deportivo o político.

Pero el saber ayudar a nuestro prójimo en sus problemas humanos de cualquier tipo, cuesta más. En el fondo del corazón de muchos reina como un dogma egoísta aquel dicho: "Cada palo que aguante su vela". Nuestra fe nos da otro principio muy distinto. "Cada uno lleve la carga de los otros, y así cumpliréis la ley de Cristo". Además, el premio inmediato de ayudar a otros en sus problemas es que los propios quedan reducidos a menos de la mitad.

José María Lorenzo Amelibia

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