SALIR Y ENCARNARSE

Espiritualidad

José María Lorenzo Amelibia
15 sep 2023 - 11:00

SALIR Y ENCARNARSE

on je
on je

Encuentro con Jesús

Salir, bajar, encarnarse... Puedo tener un peligro en la vida de intimidad con Dios: abstraerme de tal manera que no me ocupe nada de cuanto me rodea. Esto deben evitar incluso los ermitaños, ¡cuánto más quienes vivimos rodeados de personas! Sí vamos a procurar:

cuando salimos de nuestras actividades, regresemos después a esta morada interior donde habita el Dulce Huésped del alma.

Que el alma procure siempre la paz, sin oleaje violento. Como una playa con olas mansas deshechas en la arena. Ser fieles en la paz a nuestro gran Amor. Y el gozo de Dios inundará nuestro corazón del todo. Así tendremos fuerzan para ir extendiendo su Reino.

A veces, después de sobrellevar las más rudas pruebas con paciencia y amor de Dios, caemos en faltas humillantes, y nos vienen ganas de echarlo todo a rodar. Estaba la copa de nuestro aguante rebosando, y la gotita le ha hecho desbordar. Dios en su providencia ha permitido este pequeño fracaso para que afiance nuestra humildad. En esta vida siempre nos veremos imperfectos. Tenlo en cuenta.

No conviene desanimarse. La perfección está más que en lograrla (por otra parte, imposible), en aspirar a ella. ¿No te parece? Este dolor de nuestra alma al vernos imperfectos y pecadores es purificante. Miremos a Cristo abrumado por nuestros pecados en el huerto, y tengamos fortaleza. ¡Animo! ¡Hemos de seguir adelante!

Nos suelen molestar las pequeñas caídas. A veces nos entran ganas de echarlo todo a rodar. Pero son a posteriori beneficiosas, cuando nos arrepentimos de ellas. Nos enseñan a permanecer humildes, de este modo ahondamos en nuestra propia santidad.

Dios, aunque odia el pecado, sabe hacer de él un instrumento muy útil para nuestra propia santificación. Al desconfiar de nosotros mismos, de nuestra fuerza de voluntad y de nuestra categoría personal, reposa nuestro corazón más en el Señor.

A veces tergiversamos la categoría de valores y nos molesta más una falta leve ridícula a los ojos de otro, que una grave cometida ocultamente. Y no tenía que ser así. Por eso hemos de aceptar con gozo la penitencia inherente a la propia falta leve cometida en público. Eso nos va purificando. Nuestro amor propio se va humillando.

Sí. Vamos a trabajar por evitar nuestras faltas, pero sin pretender conseguirlo en u solo día. Dejemos en manos de Dios el día y la hora de vernos libres de nuestras faltas, pero vamos a seguir trabajando.

Siempre me han impresionado, y algunas veces te he hecho referencia, las grandes pruebas de muchos santos. Recuerdo haber leído de San Alfonso María de Ligorio: padeció escrúpulos de conciencia durante mucho tiempo. Junto a ello tentaciones contra la fe. El solía decir: "Creo, Señor, creo; quiero vivir y morir hijo de la Iglesia." Incluso siendo anciano experimentó tentaciones de la carne; sentía los ardores de la juventud.

En estas circunstancias y en otras parecidas en lo sucesivo, conviene avivar nuestra fe. Es el Señor el que de modo muy distinto al que nos imaginamos va guiando nuestros asuntos y nuestra vida. Creerlo firmemente. Pensarlo incluso cuando se desbaratan nuestros mejores planes; cuando se oscurece el fervor en la oración; cuando se destruye nuestra salud; cuando no tenemos ganas de nada. Conservar en estos estados la confianza en Dios.

José María Lorenzo Amelibia

Si quieres escribirme hazlo a: josemarilorenzo092@gmail.com

Mi blog: https://www.religiondigital.org/secularizados-_mistica_y_obispos/

Puedes solicitar mi amistad en Facebook https://www.facebook.com/josemari.lorenzoamelibia. Mi cuenta en Twitter: @JosemariLorenz2

También te puede interesar

Lo último

stats