Todos los Santos animan nuestra pequeñez
“Bendita penitencia que me ha merecido tanta gloria” - decía San Pedro de Alcántara poco antes de morir. Cuando el otoño tiñe en oro la naturaleza, la luz y eln brillo de las estrellas atraen nuestro espíritu hacia las alturas decimos también nosotros: "Bendita la entrega plena de mi alma al Señor; bendita la penitencia y el dolor y los caminos ásperos que me han merecido tanta gloria.”
Es el eco de campanas de Todos los Santos. Nos toca sufrir mucho en este mundo: trabajo, enfermedades, reveses de fortuna, olvidos, desamor... A quienes nos precedieron también les ocurrió.
Entrégate sin pausa a tu Señor. El único empleo de tu vida será éste: AMAR. Cuanto palpen entonces tus manos, quedará transformado en oro de caridad. Concentra en cada instante tu fuerza y energía. Todo tu afán. Ofrécete al Señor varias veces durante la jornada. Hazlo de forma expresa. Este simple hecho enardece tu gran deseo de santidad. A veces ni lo manifestarás con los labios. Una mirada de tus ojos enamorados será suficiente.
Eras niño. Todavía recuerdas los juegos de tu escuela; en otoño arrastrabas con tu cuerpo las hojas caídas sobre el césped. Entonces, iniciado por tus padres, maestros y catequistas comenzabas gozoso la andadura hacia las cumbres. Hoy ellos te animan desde su ancianidad o desde las regiones del etéreas. ¡Alégrate en poder seguirles!
Disfruta en la fiesta de Todos los Santos: de tantos amigos y conocidos tuyos que han triunfado para siempre con Cristo en Dios. Ellos sufrieron en este mundo tanto o más que tú. Y repite aquella frase de labios de alguno aprendida: "Jesús, os amo y a vos me entrego en penas y alegrías, en dificultades y rutinas de de la vida." No temes ya la distracción ni el peligro. Todo lo puedes en aquél que te conforta.
Jesús te perdona. Jesús es el imán de tu existencia. Y tú sigues los pasos de tus mayores en la fe. Mañana será tu fiesta. Otros, por ti educados, llevarán tal recuerdo de tu persona en el fondo de su alma y alabarán al Señor, porque tú en la madurez les mostraste el camino de las alturas. ¡Gloria a Dios en el Cielo por la corona de sus santos!
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