Hubo un embajador ateo en la Santa Sede

Hace varios años, un jueves de agosto, a la hora de mayor audiencia de TV, 11 de la noche, fue entrevistado D. Gonzalo Puente Ojea, embajador de España ante la Santa Sede hasta hace poco tiempo.



Gran parte de lo pronunciado por el Sr. Puente Ojea constituyó un ataque directo a la religión católica. Pero no a personas concretas de la Jerarquía o a hechos oscuros de la Historia, sino a la misma raíz de nuestra doctrina: intentó demostrar que la religión católica es pura falsedad. Pretendió colocar dinamita a los fundamentos de nuestra fe: la propia resurrección ce Cristo y el Primado de Pedro. Atribuyó la "noticia" de Jesús resucitado a la "fiebre" colectiva de los Apóstoles como reacción a la muerte de su Maestro. Y el dogma del Primado está fundamentado para el sr. Ojea en una extrapolación en los Evangelios.

El daño del ex-embajador ante un público culto, pero poco formado religiosamente, ha podido ser catastrófico, como una misión satánica de los poderes del mismo infierno.
El Sr. Puente Ojea disfrutaba de un natural tranquilo, atrayente, inofensivo en apariencia. Exponía sus asertos sin ira, como quien no quiere la cosa; con un convencimiento sereno; de la manera más eficaz para inyectar el veneno ateo en el oyente confiado.
Supo vestirse con piel de cordero, pero al menos fue sincero en algo: autodenominarse ateo y no contentarse con el apelativo de agnóstico. Pero esta sinceridad para el mal, lejos de ser virtud, se nos antoja cinismo.
Resulta bochornoso, cuando no grotesco y pura burla, que un señor con un historial acatólico y ateo llegara a ser durante algunos años nada menos que embajador ante la Santa Sede. A estos extremos nos conduce la tendenciosidad el poder socialista.
¿Quién puede mejor maquinar contra la Iglesia que un embajador pagano y en lucha contra la religión? ¿No ha llegado ya la hora de poder afirmar tajantemente: ¿no es lícito en conciencia a un católico votar al partido Socialista, que de una manera indirecta va trabajando por que desaparezcan todas las costumbres cristianas, e incluso coloca en puesto clave a personas enemigas de toda religión?
Resulta dramático constatar que muchos millares de hombres cultos, hoy desligados de Dios y contrarios a la idea religiosa, en un ambiente normal de protección al ideal católico, serían fervientes personas cristianas.
Pero sabemos confiar: "Las puertas del infierno no prevalecerán contra la Iglesia." Aunque sí podría haber derrotas tremendas parciales por culpa de los propios católicos. De aquí nuestro deber de trabajar con fervor en la defensa de nuestra fe y moral. Y también nuestra obligación de alentar a los obispos para que pongan toda la fuerza de su ministerio en esta causa.
Hoy este pobre hombre no existe en este mundo. Roguemos a la misericordia de Dios que tenga compasión de su alma.

José María Lorenzo Amelibia
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