Los escándalos en la Iglesia
Estamos conviviendo en estas fechas con los escándalos de pederastia de muchos miem- bros de la Iglesia y aprovechando que el Guadalquivir pasa por Sevilla, se recrudecen los ataques a la Iglesia Católica y en muchos momentos por la defectuosa posición de la jerarquía. Nada nuevo bajo el sol.
Si repasamos la historia veremos que la Iglesia ha pasado por momentos muy dolorosos y difíciles y por ello no ha dejado de vivir y avanzar. El ser humano es capaz, como no podía ser menos, de superar las dificultades y progresar, independientemente de hacerse cargo de las barbaridades cometidas, algunas veces tarde y mal.
Uno de los defectos del Vaticano es no haber reconocido a tiempo sus fallos, lo que ha dado armas a sus enemigos para atacar a la Iglesia en su base. Confiemos que ahora Benedicto XVI sepa actuar con mayor claridad y sin oscurantismo. El reconocimiento de los defectos y la petición de perdón desarma al rival.
Si repasamos la historia comprobaremos que la pederastia actual se empequeñece con las calamidades de otros tiempos. Sin remontarnos a épocas excesivamente lejanas que nos hace perder la perspectiva del tiempo, la Iglesia ha tenido que sonrojarse por hechos mucho más graves y que se han conseguido superar y en algunos casos con lamentables consecuencias.
Podemos recordar la lucha por el poder con el cisma de Avignon, teniendo que intervenir la autoridad civil para aplacar la soberbia papal. Si leemos la historia de los siglos XV, XVI, XVII, por ejemplo, daremos fe de las luchas intestinas y vergon- zosas de la curia cardenalicia, apoyadas por el poder civil y familias poderosas italianas, por el nombramiento de Papa cuando quedaba vacante su sede.
No descubrimos nada nuevo si recordamos la vida licenciosa de muchos Príncipes de la Iglesia y del mismo Papa, que hoy sería motivo de procesos judiciales vergonzosos como para suspender a una parte importante del mundo vaticano.
Es conocida la política de nombramientos obispales y cardenalatos en personas que nunca pisaron su sede y solo aceptaban el cargo para aprovecharse de sus suculentos beneficios, con el beneplácito de los otorgantes.
Sin tener que ir a otras latitudes, en nuestro país era habitual la convivencia del clero regular y secular con sus barraganas sin que les subieran los colores a los protagonistas. Tenemos el dato de que Isabel la Católica reprochó al cardenal Mendoza, la figura más importante de la Iglesia española en su época, los descendientes que iba dejando por el camino. Tuvo que venir Mendizábal para arrebatar las inmensas riquezas eclesiásticas, mientras una parte importante del país vivía en la miseria.
En fechas recientes recordaremos los escándalos financieros del cardenal norte- americano Marcinkus en el Vaticano y las dudosas relaciones vaticanas con la demo- cracia cristiana italiana.
No olvidemos que la mayor herida producida en la historia de la Iglesia Católica y que hoy la sufrimos, fue el nacimiento del protestantismo, calvinismo, etc por el orgullo de un papado inmerso en la corrupción y que no rectificó para evitar el orgullo de Lutero. La separación de la Iglesia Ortodoxa Oriental fue ocasionada por los excesos de unas Cruzadas lideradas por el papado, a veces menos religiosas que mer- cantiles.
Sería muy larga la lista de improperios cometidos por miembros muy destacados de la Iglesia y menos destacados, junto a obras muy meritorias, en mayor cantidad, que entristecen unas y alegran otras. Al estar la Iglesia formada por hombres , aunque no podemos re- signarnos y conformarnos, vamos a ser testigos de escándalos, unas veces menores y otras mayores, pero nunca deberemos permitir que los éxitos queden oscurecidos por ellos.
Tenemos que exigir al Vaticano que cuando aparezcan hechos como la actual pederastia, rápidamente tome medidas y no los esconda, es la mejor arma de defensa y acallar voces.
Y que sepan los delincuentes, no nos debe avergonzar llamarlos así por muy alto grado eclesiástico que disfruten, que cometido el delito serán entregados a la autoridad civil como un ciudadano cualquiera, sin los privilegios que en otras épocas se disfrutaban.
Autor: Jesús María Macaya Floristán
Ver página http://web.jet.es/mistica
Si repasamos la historia veremos que la Iglesia ha pasado por momentos muy dolorosos y difíciles y por ello no ha dejado de vivir y avanzar. El ser humano es capaz, como no podía ser menos, de superar las dificultades y progresar, independientemente de hacerse cargo de las barbaridades cometidas, algunas veces tarde y mal.
Uno de los defectos del Vaticano es no haber reconocido a tiempo sus fallos, lo que ha dado armas a sus enemigos para atacar a la Iglesia en su base. Confiemos que ahora Benedicto XVI sepa actuar con mayor claridad y sin oscurantismo. El reconocimiento de los defectos y la petición de perdón desarma al rival.
Si repasamos la historia comprobaremos que la pederastia actual se empequeñece con las calamidades de otros tiempos. Sin remontarnos a épocas excesivamente lejanas que nos hace perder la perspectiva del tiempo, la Iglesia ha tenido que sonrojarse por hechos mucho más graves y que se han conseguido superar y en algunos casos con lamentables consecuencias.
Podemos recordar la lucha por el poder con el cisma de Avignon, teniendo que intervenir la autoridad civil para aplacar la soberbia papal. Si leemos la historia de los siglos XV, XVI, XVII, por ejemplo, daremos fe de las luchas intestinas y vergon- zosas de la curia cardenalicia, apoyadas por el poder civil y familias poderosas italianas, por el nombramiento de Papa cuando quedaba vacante su sede.
No descubrimos nada nuevo si recordamos la vida licenciosa de muchos Príncipes de la Iglesia y del mismo Papa, que hoy sería motivo de procesos judiciales vergonzosos como para suspender a una parte importante del mundo vaticano.
Es conocida la política de nombramientos obispales y cardenalatos en personas que nunca pisaron su sede y solo aceptaban el cargo para aprovecharse de sus suculentos beneficios, con el beneplácito de los otorgantes.
Sin tener que ir a otras latitudes, en nuestro país era habitual la convivencia del clero regular y secular con sus barraganas sin que les subieran los colores a los protagonistas. Tenemos el dato de que Isabel la Católica reprochó al cardenal Mendoza, la figura más importante de la Iglesia española en su época, los descendientes que iba dejando por el camino. Tuvo que venir Mendizábal para arrebatar las inmensas riquezas eclesiásticas, mientras una parte importante del país vivía en la miseria.
En fechas recientes recordaremos los escándalos financieros del cardenal norte- americano Marcinkus en el Vaticano y las dudosas relaciones vaticanas con la demo- cracia cristiana italiana.
No olvidemos que la mayor herida producida en la historia de la Iglesia Católica y que hoy la sufrimos, fue el nacimiento del protestantismo, calvinismo, etc por el orgullo de un papado inmerso en la corrupción y que no rectificó para evitar el orgullo de Lutero. La separación de la Iglesia Ortodoxa Oriental fue ocasionada por los excesos de unas Cruzadas lideradas por el papado, a veces menos religiosas que mer- cantiles.
Sería muy larga la lista de improperios cometidos por miembros muy destacados de la Iglesia y menos destacados, junto a obras muy meritorias, en mayor cantidad, que entristecen unas y alegran otras. Al estar la Iglesia formada por hombres , aunque no podemos re- signarnos y conformarnos, vamos a ser testigos de escándalos, unas veces menores y otras mayores, pero nunca deberemos permitir que los éxitos queden oscurecidos por ellos.
Tenemos que exigir al Vaticano que cuando aparezcan hechos como la actual pederastia, rápidamente tome medidas y no los esconda, es la mejor arma de defensa y acallar voces.
Y que sepan los delincuentes, no nos debe avergonzar llamarlos así por muy alto grado eclesiástico que disfruten, que cometido el delito serán entregados a la autoridad civil como un ciudadano cualquiera, sin los privilegios que en otras épocas se disfrutaban.
Autor: Jesús María Macaya Floristán
Ver página http://web.jet.es/mistica