Cuando llega la edad madura

El contacto con el ambiente de compañeros muy cultivados le hace mucho bien. Todos llevarían su cruz por dentro, pero nada se advertía. Apenas se hablaba de este tema tabú. Habían pasado las confidencias de los años jóvenes. Ahora, en la edad madura, cada uno asumía en silencio el martirio de su corazón. El chiste servía de tubo de escape en las reuniones alegres, rociadas de vino generoso. ¿Dónde se contarán chascarrillos más eróticos que en las tertulias clericales? De ahí no pasaban. Jamás una proposición colectiva de visitar ciertas casas de desahogo.




En sus paseos por las calles de la ciudad ve nuestro hombre escaparates llenos de prendas íntimas femeninas.
Los mira un poco a reojo. "¿Seré fetichista?" - dice. "¿Me estaré volviendo anormal?" Estas prendas le excitan vivamente. ¡Sucedáneos! Seguro que, casado, no tendría un problema que puede rayar en lo patológico.

Se agarra a pequeños consuelos reprimidos: ver, sin querer mirar. Un quiero, no quiero. Castos amores fugaces, que desgarran su corazón. Mariposeo afectivo.

Disfruta de la buena mesa; cada vez más. Quiere reprimir este instinto, porque lo ve un poco compensatorio de la abstinencia sexual, pero no lo consigue; en él se convierte en vicio congénito.

- Bueno, dice para sus adentros, peor será como fulano y fulano andar arribista detrás de los puestos de poder. Esos sí que buscan ahí la compensación sexual. Pues prefiero alegrarme un poco en las comidas y regadas con el buen vino.

Temporadas de fervor en las que vive centrado en Dios. Oración metódica constante. Meses de semi - flirteo con mentalidad adolescente. Una cadena de montañas místicas de amor divino intercalada de valles profundos de afectos humanos. El carácter se agria. La represión continua sin una sublimación lograda, llega a llevar al propio psiquismo a la enfermedad. Psicología morbosa e inmadura. ¡Qué sarcasmo! ¡El, que debiera ser místico de la pureza!

Algunos compañeros con decisión y coraje han optado por secularizarse y comenzar una nueva vida. Yo solo sé decir Misa, no me atrevo a salir, llevo muchos años y no caigo en la depresión, porque fomento muchas distracciones, pero tampoco vivo una vida interior profunda. En fin… habrá que seguir…


No pretendo generalizar en este artículo. (Está redactado en la segunda mitad del siglo XX). Sí dar pistas sobre la vida íntima de un sector de hombres que lucharon por mantenerse fieles al compromiso del celibato y siguen fieles al mismo. Quedan fuera de este estudio los sacerdotes secularizados, los que están al margen de la ley celibataria y los que viven su virginidad a tope en una plena sublimación. Entran de lleno una gran mayoría, aquellos para quienes el celibato es una carga más que una liberación.

Con estas consideraciones y las que en sucesivos días seguirán, podrían nuestros superiores eclesiásticos, poner en tela de juicio la desventurada ley celibataria y cambiarla, o mejor abolirla, a medio plazo. Estúdienla, por favor.

José María Lorenzo Amelibia

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