A los obispos les viene muy bien el celibato, pero...

Secularizados, mística y obispos: Josemari Lorenzo
14 ago 2014 - 12:51

A los obispos les viene muy bien el celibato de sus curas. Se domina mejor a un célibe que a un casado. Y el hombre libre dispone de una mayor facilidad de movimiento y cambiar de residencia. También lleva sus inconvenientes la continencia impuesta por ley. Lo vamos diciendo en este blog a diario.

Con la ley del celibato se puede estar mucho más centrado en el trabajo pastoral; es una fuente de gozo la actividad y puede aliviar la soltería y más en estos tiempos de escasez de curas. Se sienten muy importantes los clérigos solteros de hoy. Puede darse a cada individuo un nombramiento de interés: desde parroquias con mucha feligresía, hasta delegaciones bien pergeñadas, donde se realiza muy bien la persona.

Se trata de ejercer un funcionariado agradable. Aunque muchos digan lo contrario, todavía nuestro país no es tierra de misión. Son muchos los cristianos comprometidos, los que mantienen contacto con sus curas. Y el sacerdote es socialmente apreciado, al menos en los círculos adictos a la religión.

Cada vez se va ampliando más el círculo de los amigos del obispo. Son clérigos con aspiración a compartir con el prelado puestos de interés. Muchos obispos son conscientes ya de que su misión no es “ser autoridad”, sino compañero y amigo que se deja aconsejar por el grupo poco numeroso de sus colaboradores.

Fomentan los prelados la vida en común de sus curas. Son iniciativas muy buenas; aumenta la confianza y amistad mutua; se evitan las rencillas. Se va haciendo más humano el celibato dentro de los pocos sacerdotes que se van ordenando. Y ¿por qué no decirlo? El celibato es una ventaja grande para el apóstol y da grandes facilidades.

Pero el problema sigue existiendo, porque cada vez es menor el número de vocaciones. Los pueblos que hasta bien mediado el siglo XX disfrutaban de la presencia del Pastor, ahora se encuentran solos, mal atendidos, muchos de ellos ni siquiera gozan de la misa dominical. La fe se va extinguiendo; ya ni necesitan al sacerdote. Nuestra sociedad se paganiza. La idolatría del dinero y del placer llena sus vidas.

El remedio lo hemos sugerido hace más de cincuenta años, pero nadie nos hizo caso. Y cada día va a ser más difícil, pero todavía en algunos lugares sería posible: la ordenación de hombres casados. Los hay bien formados y con unos cursos de práctica parroquial podrían liderar poblaciones y ser incluso misioneros y atraer a los alejados. A ver si alguna vez nuestros dirigentes abren esta puerta a la Iglesia.

José María Lorenzo Amelibia

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