La oración da vigor apostólico

Secularizados, mística y obispos: Josemari Lorenzo
17 ago 2012 - 17:18

Según pasan los años lo confirmo al ver la experiencia propia y ajena: el vigor apostólico es mayor cuanto más imbuido se encuentra uno en la oración. Pienso que quienes están de verdad en las vías místicas, lograrán el céntuplo en fruto, más que quienes con dificultad viven en gracia santificante.

El principiante, aunque se mueva mucho, es imposible que coseche grandes realizaciones. Pero cuando ya "limpio de corazón alcanza a ver a Dios", su fuerza apostólica aparecerá poderosa. Dios le ha de dar una fuerza total, irresistible. Por eso los Apóstoles se extendieron por todo el mundo. Por eso Javier hizo tal cosecha de apostolado, que aun hoy día se comprueba en los cristianos sucesores de aquellos seguidores primeros de Javier. Santos como el P. Nieto siguen haciendo ahora bien. Lo estamos comprobando por propia experiencia.

La oración prioritaria del apóstol ha de ser:

- Santificado sea tu nombre.

- Venga a nosotros tu Reino.

- Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. - Envía, Señor, obreros a tu mies.

- Santifica a los sacerdotes; que vivan su fe.

- Dadme el don de oración, el don de abnegación, la perseverancia. - Dadme celo por la salvación de las almas.

- Alma de Cristo, santifícame.

- Dadme paciencia, dulzura, mucha humildad y amor para exponer la verdad.

- Fervor, mucho fervor, fervor constante a mí, a todos mis amigos, a los sacerdotes todos. Que irradiemos con gozo a Cristo.

Casi siempre nos suele entrar prisa cuando nos ponemos a hacer oración. Esto ocurre sobre todo si no disponemos de un tiempo prefijado para dedicarlo a ella, si nos reclaman deberes apostólicos. Entonces recordamos mil cosas que hacer: A fulano le debo carta hace meses; todavía no he entregado aquellas notas; no he limpiado la cocina desde hace dos semanas... La hora entera que habíamos planeado para la oración en un tiempo perdido, queda reducida a la mitad.

Por eso es necesario cambiar en nuestra mente la categoría de valores. Y que la oración sea el tiempo dedicado sólo a Dios. Que sea la actividad más importante del día: tanto como el trabajo profesional, la comida, o más.

Entonces, todo irá cambiando. La tentación inmediata para cuantos practicamos la oración mental es reducirla a la Misa y sacramentos; a ratos perdidos; a lo estrictamente obligatorio, como puede ser, para el sacerdote, el oficio divino. Si a la oración no le damos lo mejor de nuestro tiempo, así nos irá.

Es preciso practicar en las primeras horas de la mañana, antes de ponernos a trabajar. También tomar alguna hora de la tarde en que no nos hayamos metido a fondo en trabajos. Me impresionó un cura cuando me dijo que era tiempo perdido el dedicado a la oración junto al Sagrario, que había que hacer cosas más importantes. No quiero ni pensar qué puede suceder con un cura así, si persevera con ese criterio.

Para el cura, religioso, obispo: el tiempo mejor empleado, el de la oración. Influirá todo el día. ¡Cuántas veces me ha ocurrido dejar la oración por no tener tiempo! Todo son obligaciones, agobios, atender asuntos. Y, ¡claro!, también es necesario descansar. Cuando echo la vista atrás veo que todos los días sacaba tiempo para mil cosas inútiles. Por eso me di cuenta de que lo más importante es la oración. Y, cueste lo que cueste, hay que sacar un tiempo ex profeso para ella. ¿No te parece?

Ver http://personales.jet.es/mistica

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