Somos pastores sin rebaño, pero pastores
Es verdad que los sacerdotes secularizados, aun los más vocacionados, somos pastores sin rebaño, porque quienes disponen las cosas no nos lo otorgan por nuestra condición de hombres casados; pero esto tiene sus ventajas, nuestro rebaño es todo el mundo, como el del Papa, el de Jesús, el de Teresa del Niño Jesús, el de los contemplativos.
Además podemos influir aquí y allí, sin distinciones, podemos sembrar en todas las partes semillas de amor, de Evangelio, de mansedumbre... Todo esto supone para mí ser muy responsable y tener mucho celo para la salvación de las almas. ¡De cuántas maneras se puede ser sacerdote.... y santo!
Y algo parecido hemos de afirmar de los religiosos, hombres y mujeres, que un día salieron del convento para casarse o para realizarse como personas al no conseguir allí desarrollar el propósito de su entrega generosa, concebido en la juventud. Todos somos un poco pastores sin rebaño, pero el mundo entero es nuestro gran rebaño: el gran Reino de Dios.
A veces, es cierto, nos asustan las responsabilidades sacerdotales o de personas entregadas a Jesús. Llego a comprender al Cura de Ars que se quería marchar de su parroquia y pasar al menos dos años de su vida en un convento para llorar su miserable vida. Es tremenda nuestra responsabilidad. Eso de que el rebaño está del todo en nuestras manos, y se va alejando cada vez más de los pastos. ¡Señor, le digo a nuestro buen Dios, Señor sin santidad no se pueden afrontar estas estos compromisos tan grandes que un día asumí! Ya me puedes dar tu fuerza, tu luz, tu gracia para poder serte un poco más útil.
Todo esto nos ha de impulsar a proponernos un día y otro el regresar a aquellas fuentes de la ascética tradicional cristiana que se resume en dos palabras: oración y mortificación. Estoy convencido de que el volver a los caminos enseñados por San Juan de la Cruz, Loyola, Sales, Ávila y tantos otros santos, fieles intérpretes del Evangelio, tiene que ser nuestra labor diaria. Nosotros mismos y las almas a nosotros encomendadas vamos a ser los principales beneficiarios.
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