Labor constante
El obispo tiene el Sagrario en su casa no como un privilegio (los privilegios son odiosos), sino porque se supone que es un hombre de Dios y muy ocupado, y es preciso facilitarle el contacto con el Amor de los Amores.
El Sagrario para él es una exigencia de fe y de amor; es una necesidad psicológica total, porque ha de relacionarse de continuo con Aquel que le robó el corazón. Recuerde a Don Manuel González, cómo gozaba desde sus tiempos de Arcipreste cuando tenía ya el Sagrario en su casa.
Es preciso que si queremos ser apóstoles, lo demostremos con nuestras obras, con nuestra palabra y estando muchas horas a solas con Él. El temor a ser indiscreto puede producir mayor mal que la misma indiscreción. No podemos avergonzarnos del Evangelio..
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