Los recuerdos de fe en la ancianidad

Secularizados, mística y obispos: Josemari Lorenzo
19 jun 2010 - 22:53

Había llegado mi amigo a la edad madura; pesaban en él los recuerdos; pero sus añoranzas eran del todo fructuosas en fervores eucarísticos.

Repetía en su corazón decenas de veces una vieja canción de Jueves Eucarísticos, que, quizás, fuera rutinaria en su niñez, pero ahora ahondaba en ella como en manantial de las más puras aguas: "Jesús, vivir no puedo lejos de ti; Jesús, sin ti me muero, ¡ay!, ven a mí". ¡Qué fuerza cobraba en su alma esta letrilla con su melodía...! Profundizaba cada palabra, lloraba con sana emoción... y al día siguiente, al comulgar, gozaba con ansias de enamorado y fervor de recién convertido.

Me gusta desde entonces imitar a aquel amigo y volver a la Betania de viejas canciones eucarísticas. Desde que llegué a la edad provecta, también imito a este amigo antiguo que ya pasó al otro lado de la frontera.

–¿Recuerdas aquella otra de acción de gracias?, decía mi compañero de viejos fervores. "Yo nada anhelo; yo soy feliz, que el Rey del Cielo ya mora en mí... Yo soy de Dios, oh dulce pensamiento, que anega el alma en celestial amor; el mismo Dios morar gustoso quiere en mi tan pobre y frío corazón".

¡Esto ya es "el no va más"! ¿Qué importa el sufrimiento? Jesús está con nosotros; nada puedo desear. Cada vez me parece todo más relativo, porque todo pasa. Sólo El permanece. ¡Él!, que anega el alma en celestial amor. ¿Te fijas? ANEGAR, inundar el alma, rebosando por todas las partes amor, como encharcada, más que envuelta, ¿cómo puedo estar triste?

Mi amigo se entusiasmaba; y yo también mientras le oía. ¿Por qué no haces tú la prueba con nosotros y preparas la comunión con es estas viejas melodías? ¿Por qué si has llegado a la madurez de edad no procuras entonar aquellas viejas canciones que te ilusionaron en tu juventud?

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