Aquellas revistas de misiones
Enfermos y debilidad
No sé por qué he ido abandonando poco a poco la lectura de revistas misioneras de mis años juveniles. Pero mantengo un recuerdo muy grato de ellas: “Catolicismo”, “El mundo infiel para Cristo”, “El siglo de las misiones”, y otras. Desde aquellos tiempos lejanos mantengo algunas fichas, amarillentas por el paso de los años, y me gusta de vez en cuando repasarlas. Hoy me encuentro con una, escrita al parecer por algún hombre culto de aquel entonces, y leo allí las bienaventuranzas de un anciano.
“Bienaventurados – dice – quienes muestran compasión de mis pies que tropiezan; de mis oídos que han de esforzarse por entender cuanto se les dice; de mi mente lenta para comprender”.
En la vejez todo se ralentiza; algunos jóvenes se ponen nerviosos cuando escuchan la narración de un anciano. Y harían bien en considerar la realidad. Los mismos viejos son conscientes de sus limitaciones; no son unos pelmas inconscientes. Saben de sus peculiaridades y agradecen se les escuche y se tome en consideración cuanto dicen. Es prueba de madurez por parte del más joven atender y apreciar cuanto oye de sus mayores.
“Bienaventurados – añade – quienes, con sonrisa amistosa, se detienen a hablar un rato conmigo; y no me recuerdan : “es la segunda vez que me cuenta esa historia”.
Sabemos de la tendencia del anciano a repetir una y más veces en días sucesivos las historias y experiencias de años anteriores. Un amigo muy mayor y muy consciente me solía decir cuando le visitaba: “Si te cuento de nuevo algo que hace poco tiempo te había dicho, dime que cambie de rollo, ya sé que los viejos nos olvidamos de lo reciente y podemos ser un poco pelmas”. Por supuesto que aquel amigo, jamás me repetía la narración del día anterior. Por fin: “Bienaventurados quienes se prestan a despertar en mí recuerdos de tiempos pasados; y quienes con su bondad iluminan los días de espera a mi Patria definitiva”. Debiéramos recordar estas bienaventuranzas. Hoy las practicamos con nuestros mayores; y ojalá nos respeten a nosotros cuando lleguemos a esta situación. Ayudamos a ser más felices a cuantos nos han precedido en la fecha del nacimiento, y algún día encontraremos también justa recompensa.
José María Lorenzo Amelibia
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