A veces cuánto cuesta la vida interior en ciertos ambientes... Pero vamos a fomentar la rectitud de intención. La memoria siempre estará santamente ocupada en Dios. Y con el tiempo hasta en la loca imaginación hallaremos que sus distracciones corren por los caminos del Señor. Hasta en sueños.
Para San Pablo su vivir era Cristo. Para nosotros también va a ser cada vez más. Es bueno hacer un propósito en cada meditación; por ejemplo: grabar en la mente (o en un papel que guardamos con nosotros) una breve frase que nos recuerde la oración. Y hacer unas pocas mortificaciones voluntarias cada día. El don de oración nos lo dará el Señor si le somos fieles. Y nos irá preparando para que El mismo vaya tomando posesión de nuestras almas. ¿Cuándo será esto Señor?