La vocación y los estudios superiores

Secularizados, mística y obispos: Josemari Lorenzo
13 jul 2016 - 19:33

Vocación a la virginidad

Este asunto de la llamada de Dios al celibato es muy delicado para que los padres lo puedan aconsejar. Sin embargo, daré algunos signos que detectará un posible vocación sacerdotal o a la vida religiosa: deseo constante de entrega al Señor; no les satisface el matrimonio, aunque lo vean hermoso para otros; afición a la oración y a la cosas de Dios; la castidad y superar el amor al otro sexo no les resulta difícil; temperamento sereno y sistema nervioso fuerte.

Dice San Juan Crisóstomo: "Quien condena el matrimonio priva también la a virginidad de su gloria; en cambio quien lo alaba, hace la virginidad más amable y hermosa". Sí, porque la vocación al sacerdocio y a la vida religiosa ha de brotar de familias de profunda vida cristiana.

Es muy conveniente hacer una prueba antes de que se decida abandonar la vida del mundo; por ejemplo, visitar y convivir algunos días en algún convento o seminario. No tener prisa para el compromiso definitivo. Una vez formulada la decisión, apoyo incondicional por parte de la familia. Tener en cuenta lo que dijo Jesús a los Apóstoles: "No me elegisteis vosotros, yo soy el que os he elegido".

Estudios superiores

Durante todo el período de educación deben los padres seguir el desarrollo de los estudios del niño o del joven. Procurar abrirles toda clase de posibilidades.

Muchas familias envían a sus hijos al conservatorio para que aprendan música. El saber manejar un instrumento, siempre será un adorno en la vida, y puede ayudar a abrir muchas puertas. Pero tampoco conviene empeñarse en lo imposible. Sería un error pretender que realicen los hijos las ideas frustradas de sus padres.

A la hora de formar a los hijos no hemos de olvidar que la vida es competición, querámoslo o no. Las personas bien preparadas triunfan; las otras se quedan en la estacada o permanecen largos años en el paro, y si al fin consiguen un puesto de trabajo, no suele ser el que siempre habían deseado. Hemos de preparar a los hijos para que sepan situarse en el mundo.

Hoy más que nunca es necesario dominar, además de la lengua materna, uno o varios idiomas. Ofrece muchas posibilidades a la hora de desempeñar un puesto laboral. Por eso, desde niños, conviene animarlos a estudiar, crear hábitos, destrezas y habilidades. Y una virtud muy importante es la de aprovechar el tiempo: afición a la lectura, escribir, coleccionismo, aprender idiomas.

No entiendo a los estudiantes que durante el tiempo estival no se proponen un plan, y su única actividad se reduce a salir con los compañeros desde las primeras horas de la mañana hasta la noche. No leen, no estudian, no traban; sólo holgar. Los padres pueden orientarles: el tiempo de verano es muy a propósito para perfeccionar el conocimiento de los idiomas, mediante intercambio - con las debidas garantías - con personas de otras nacionalidades. O simplemente con una serie de discos y películas grabadas en vídeo.

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