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DOMUND 2026: Cien años de misión

Navarra no quiere faltar a la celebración de los cien años del Domund. Si una tierra ha vivido de manera especial este siglo ha sido nuestra Iglesia: hablar de Navarra es decir misión y hablar de misión es decir Navarra

Navarra, gente de misión
Navarra, gente de misión

Navarra no quiere faltar a la celebración de los cien años del Domund. Si una tierra ha vivido de manera especial este siglo ha sido nuestra Iglesia que peregrina en Navarra. No hay pueblo, casi diría familia, que no tenga un familiar, un vecino o un conocido cercano que no haya sido misionero o misionera. Recorriendo pueblos de Navarra me dicen: “De esta calle han salido cuatro misioneros, de la otra tres…”. Hablar de Navarra es decir misión y hablar de misión es decir Navarra. Nuestra tierra ha sido históricamente un fecundo semillero de fe, vocaciones y generosidad misionera. Hoy, al conmemorar estos cien años de pasión por la evangelización universal, resuenan con especial fuerza en nuestro horizonte eclesial las palabras que el papa León XIV nos propone como lema para este aniversario: «Uno en Cristo, unidos en la misión».

Este lema nos ayuda a situar el auténtico sentido del anuncio del evangelio. La misión no nace del activismo ni de estrategias humanas, tampoco es consecuencia de una ideología, no es una ONG; es mucho más, lo trasciende y supera todo. Este lema nos recuerda que la raíz de nuestra identidad cristiana es una persona: Jesucristo. Que no tiene ideología ni partido político, aunque en ocasiones habrá actividades misioneras que podrán parecer políticas y otras que pondrán el acento en la solidaridad, pero todas acciones son consecuencia del mismo punto de partida: Jesucristo, que nos envía a la misión.

Centenario de DOMUND
Centenario de DOMUND

El misionero está en la otra parte del mundo por amor a Jesucristo, que le ha cambiado su vida, le ha cautivado y quiere compartirlo con aquellas personas que todavía no le conocen. Estar cautivado por Jesucristo lleva a los misioneros a la misión. “Y les dijo: ´Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación´” (Mc. 16, 15). Como decía el papa Francisco, la misión de la Iglesia es anunciar la alegría del evangelio, que se compromete con los más vulnerables. También el papa León XIV nos dijo en Madrid, en la fiesta del Corpus: “La adoración nos lleva a la misión”. No podemos quedarnos encantados mirando una imagen, o al mismo Cristo en la custodia, y descuidar a mi hermano que espera una palabra de esperanza. La Iglesia que peregrina en Navarra es la viva imagen que nos recordaba con tanta intensidad el papa Francisco: una “Iglesia en salida”. La fe no se encierra en los muros de nuestros templos ni se repliega sobre sí misma; la fe, por su propia naturaleza dinámica y fecunda, se ensancha, se hace vida, cruza fronteras y sale al encuentro del hermano.

Al celebrar los cien años del Domund en Navarra, es de justicia reconocer y dar gracias a Dios por los numerosos sacerdotes, consagrados, consagradas y laicos navarros que han dejado su tierra, su familia y sus seguridades para entregar la vida en tierra de misión. Ellos son el rostro de una Iglesia que no se guarda nada para sí y que entrega su vida sin límite. Muchas veces los religiosos son el rostro amable de nuestra Iglesia, son el rostro aceptado por toda la sociedad. Ninguna sospecha, ninguna duda. Al contrario, los misioneros despiertan admiración. Y es cierto, cada vez voy conociendo a más misioneros, familiares y conocidos de misioneros y todo es reconocimiento, todo es bueno y positivo. Hasta para los no creyentes el misionero tiene carta de honestidad, de calidad humana.

Como dijo Jesús en la Última Cena, el lavatorio de los pies es un “amor extremo”. Los misioneros son los que practican el amor extremo, el amor sin límites. Lavan los pies de muchas maneras a la gente de la misión. Desde el anuncio del evangelio hasta la atención humana y social de las personas. Amar hasta el extremo es no guardarse nada para sí, es darse sin límites. Solo la edad o la enfermedad les retiene y les imposibilita ir a misiones. ¡Cuántos misioneros han muerto en misiones “con su pueblo”! ¡Cuántos misioneros han regresado a misiones después de unas vacaciones, enfermos, sabiendo que ya no iban a regresar! Su felicidad era morir allí donde su fe se fortaleció. “Descansar” allí donde su vida se gastó.

La misión nos recuerda así que anunciar el evangelio y servir al ser humano son inseparables. Porque el evangelio libera y humaniza. Libera del pecado, del miedo, de la desesperanza y de todo aquello que impide vivir en la dignidad que Dios ha querido para cada persona. Y humaniza porque nos revela que cada hombre y cada mujer poseen una dignidad inviolable, que nadie puede arrebatarles: somos criaturas amadas por Dios y llamados a vivir como hermanos. El mensaje de Jesús restituye la dignidad de hijos de Dios y restituye la dignidad humana.

Huellas de Jesús
Huellas de Jesús

Que esta fiesta del Domund, en su centenario, sea para nuestra diócesis de Pamplona y Tudela una verdadera fiesta de la misión. Que sepamos agradecer la entrega y generosidad de los misioneros navarros y que al mismo tiempo escuchemos la llamada del Señor a continuar con la misión. Que Navarra siga teniendo espíritu misionero, aquí y más allá de nuestras fronteras, porque Cristo libera y Cristo da sentido a la vida de quien lo recibe. Por eso queremos vivir el lema de este año, siendo “uno en Cristo, unidos en la misión”.

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