Comunión, participación, misión: un estilo de Iglesia
"Tres palabras que van más allá de su significado individual… No son tres realidades independientes, se necesitan mutuamente. Uniéndolas, estamos dibujando un nuevo estilo de Iglesia de Navarra"
Tres palabras que van más allá de su significado individual. Tres palabras que las utilizamos en nuestro vocabulario común. No hay que buscarlas en el diccionario, todos sabemos lo que significan. No son tres realidades independientes, se necesitan mutuamente. La comunión nos lleva a participar; la participación nos dispone para la misión; y la misión, cuando se vive de verdad, fortalece nuestra comunión. Unidas las tres todas ganan, adquieren un mayor significado.
Uniendo comunión, participación y misión estamos dibujando un nuevo estilo de Iglesia de Navarra. Me gustaría que todos nos reconociésemos en ella, que viendo esta forma de actuar como Iglesia nos sintamos identificados, que todos encontremos nuestro lugar. Una Iglesia en la cual veamos con normalidad que los laicos van asumiendo más responsabilidades, donde veamos que una mujer con responsabilidad no es una excepción, sino que se va convirtiendo en norma. Donde tantos inmigrantes que quieren vivir su fe entre nosotros son admitidos y aceptados como uno más. Es abrir las puertas de nuestras comunidades parroquiales para que entre la gente y abrir las ventanas para que entre aire nuevo.
¡Cuánto me gustaría que nuestro Plan Pastoral Diocesano ayudase a renovar nuestra Iglesia de Navarra! En la cual todos sintamos la llamada a trabajar por la viña: sacerdotes, miembros de la vida consagrada y fieles laicos, cada uno desde su vocación y servicio, formamos un único pueblo de Dios y compartimos la responsabilidad de anunciar a Jesucristo. Con este nuevo Plan Pastoral Diocesano, nuestra Iglesia de Navarra recibe una triple llamada que, como los viñadores del evangelio, somos enviados a trabajar en la viña del Señor, cada uno a su hora y con su historia personal.
Somos llamados a la comunión. No somos iguales, pero estamos llamados a caminar unidos. La comunión no significa que todos tengamos que pensar exactamente igual ni que tengamos que realizar las mismas tareas. La comunión significa reconocernos hermanos y descubrir que pertenecemos a la Iglesia de Navarra y que tenemos una misma misión. El propio Plan Diocesano insiste en que la comunión no consiste en uniformarnos, sino en aprender a reconocernos hermanos en medio de la diversidad. Sueño con que la comunión ayude a que sacerdotes, consagrados y laicos nos sintamos hermanos y colaboradores. No somos grupos que se une para un objetivo y luego se separa. Somos miembros de un mismo cuerpo: “El cuerpo es uno y tiene muchos miembros” (1Cor. 12, 12).
Somos llamados a la participación. Hay personas que quizá no participan porque nunca han sido invitadas. Personas que tienen capacidades, inquietudes, experiencia y deseo de colaborar, pero que no han encontrado un espacio. Jóvenes que no saben dónde pueden aportar. Laicos que sienten que sus iniciativas no son escuchadas. Personas mayores que creen que ya no tienen nada que ofrecer. Familias que necesitan una Iglesia que salga a su encuentro.
Participar significa dejarse implicar. Dejar atrás mis gustos y preferencias y aceptar otra maneta de actuar. Participar implica pasar de ser espectadores a sentirnos responsables. Significa ofrecer tiempo, capacidades, oración, experiencia, creatividad y disponibilidad. Y significa, sobre todo, cultivar una actitud de escucha y discernimiento para descubrir juntos lo que el Señor nos está pidiendo en este momento de nuestra historia, sin imponer lo que yo creo que es lo mejor.
Somos llamados a la misión. La comunión y la participación no son el punto final, son el camino que conduce a la misión. Sin comunión y participación no hay misión. El dueño de la viña no llama a los trabajadores para que permanezcan en la plaza, les llama para enviarlos a trabajar. Del mismo modo, la Iglesia no existe para mirarse a sí misma, existe para anunciar a Jesucristo y para ponerse al servicio de las personas. Porque una Iglesia que no sirve, no sirve para nada.
Aquí hay que recurrir al deseo del papa Francisco: “La Iglesia es en salida o no sería Iglesia”. A esto nos lanza la misión de nuestro Plan Pastoral Diocesano: a salir de nuestros templos, de nuestras comunidades, a abandonar nuestras seguridades. Una Iglesia que se mira a sí misma y se encierra en sus seguridades, enferma. La misión es el dinamismo esencial de la Iglesia; hemos recibido la luz de Cristo no para ocultarla, sino para que ilumine a toda la sociedad navarra.
¡Ponte en camino! Pidamos al Señor que nos conceda un corazón abierto, capaz de escuchar; unas manos dispuestas a servir; unos pies preparados para salir al encuentro de los demás; y una mirada capaz de descubrir todo el bien que ya está creciendo entre nosotros.
