Descansa en paz hermano, amigo, creyente fiel: Gran persona Juan José Gallego Salvadores: Un hermano que entendió la fraternidad

Juan José Gallego Salvadores
Juan José Gallego Salvadores

Su bondad alejaba “los demonios”

"Era un fraile cercano y muy fraterno. La bondad era la nota característica de su vida, y lo que para unos era ingenuidad"

"Era un hermano con mayúscula. Su amistad era fiel y siempre daba la cara, las razones y las gestiones por sus hermanos y amigos"

"Abría las puertas de su corazón para acoger y a su lado era fácil sentirse acompañado y fuerte"

Hoy la Orden de predicadores, los dominicos, hemos perdido un compañero de camino en esta tierra, y seguramente lo hemos ganado como intercesor en el cielo. El Padre Juan José Gallego Salvadores, Juanjo, nos ha dejado con total discreción.

Era un fraile cercano y muy fraterno. La bondad era la nota característica de su vida, y lo que para unos era ingenuidad, para él era la misericordia y la compasión en grado superlativo para acompañar, esperar y ayudar siempre, incluso a aquellos a los que ya nadie quería dar una oportunidad. Era un hermano con mayúscula. Su amistad era fiel y siempre daba la cara, las razones y las gestiones por sus hermanos y amigos.

Su CV es largo y su trayectoria académica atraviesa toda su vida, pero  no es en lo que me quiero centrar, sí decir que insistía mucho en la formación en la Orden y en la necesidad de una formación seria. Solía decir: “Cuando los frailes y las monjas estudian, se dejan de muchas tonterías. Hay que poner cimientos sólidos y eso acompañado de una vida fraterna sana en las comunidades”.

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Juanjo fue un fraile de confianza y a él le confiaron cargos de responsabilidad en la Orden y misiones de servicio y mediación delicados en la Iglesia, consiguiendo con su bondad y buen hacer, que los más empecinados y tozudos entraran en razones o al menos depusieran las armas que generaban los conflictos que debía solucionar. Su táctica era la escucha y el ser mensajero de la paz.

Abría las puertas de su corazón para acoger y a su lado era fácil sentirse acompañado y fuerte. También abría las puerta de la casa de su familia en Castillo de los Polvazares en Atorga, provincia de León y allí todos se sentían uno más de la familia, sin ceremonias ni cumplidos Podríamos decir que su corazón tenía las dimensiones de la bondad del corazón de Dios-Padre-Bueno.

Yo quiero recordar y recordarlo por lo que hoy experimentamos todos los que compartimos con Juanjo un trayecto de nuestras vidas. Su amistad y su gran capacidad para buscar soluciones, animar la esperanza y quitar hierro incluso a las situaciones más dramáticas. No fue un hombre de sentencias, de estructuras ni de rigores desproporcionados. Fue un hombre de confianza que sabia poner paz y construir desde el Evagelio. Era un creyente convencido y sin dobleces.

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En los últimos años de su vida, antes de su traslado final a la enfermería del Vedat,  el arzobispo de Barcelona lo nombró exorcista de la arquidiócesis. Cuando me lo comentó le dije: “Juanjo, yo no soy mucho de esas cosas, pero estoy segura que vas a hacer mucho bien a la gente” Y así fue. Cuando me encontraba con personas desesperadas, las enviaba a hablar con “el exorcista” que con su bondad espantaba a todos los demonios de las “neurosis”, “trastornos”, “tristezas”, etc y las convencía para visitar un psiquiatra o las ayudaba a encontrar la paz en la oración y en la “no cumpabilización” que tanto atormenta a las personas.

Con Juanjo perdemos a un hermano que hacía palpable, cercana y auténtica la experiencia de Dios y del amor incondicional.

Desde la VIDA, desde Dios, celebrando TU PASCUA, Juanjo, intercede por la Orden a la que amaste y serviste y por tus hermanos y amigos. Necesitamos recuperar cada día la sencillez del Evangelio y la fe que animaba tu vida y todos tus actos.

Descansa en paz hermano, amigo, creyente fiel: Gran persona

Su bondad alejaba “los demonios”

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