Hay dolores ante los que solo cabe arrodillarse
"Este es un momento demasiado doloroso y delicado, y me atrevería a decir demasiado sagrado, como para convertirlo en un campo de batalla política. Eso sería lo más ruin y miserable"
España está de duelo. La tragedia ferroviaria que ha segado tantas vidas ha abierto una herida profunda en el corazón de nuestro país. Una herida que no entiende de ideologías, fronteras ni diferencias. Porque cuando la muerte golpea de esta manera, el dolor nos iguala y la humanidad debería unirnos más que nunca y por encima de todo.
Hay tragedias que nos dejan sin palabras. Y quizá sea bueno que así sea. Porque hay momentos en los que el silencio dice mucho más que todos los discursos.
Hoy hay personas y familias destrozadas, y también hay muchas personas que salieron de casa pensando que regresarían y que jamás pudieron imaginar que aquel viaje sería el último, o que les marcaría con heridas muy profundas y con un impacto físico y emocional devastador.
¡Qué frágiles y vulnerables somos y qué fácilmente lo olvidamos!
Vivimos tantas veces instalados en la prisa, en la confrontación, en la absurda pretensión de tenerlo todo controlado, que olvidamos lo esencial: la vida no nos pertenece para siempre, la vida es un regalo que se nos confía y se nos regala cada día.
Vivimos tantas veces instalados en la prisa, en la confrontación, en la absurda pretensión de tenerlo todo controlado, que olvidamos lo esencial: la vida no nos pertenece para siempre, la vida es un regalo que se nos confía y se nos regala cada día
En un segundo todo puede cambiar, porque nuestra vulnerabilidad no debería enfrentarnos, sino hermanarnos. No somos más fuertes cuando imponemos nuestra voz, sino cuando somos capaces de sostener al que se derrumba. Y hoy quiero hacer una petición desde lo más profundo del corazón: Por favor, ¡Bajemos los decibelios de la confrontación!
Este es un momento demasiado doloroso y delicado, y me atrevería a decir demasiado sagrado, como para convertirlo en un campo de batalla política. Eso sería lo más ruin y miserable. Ya habrá tiempo para investigar, para exigir explicaciones, para determinar responsabilidades y para tomar las medidas necesarias. Porque el respeto a las víctimas también exige verdad y justicia. Pero el dolor de las víctimas no puede convertirse en moneda de cambio de ninguna disputa política.
Hoy no necesitamos protagonistas: Necesitamos humanidad. Y necesitamos que los gritos y descalificaciones se acallen. Nos urge tener una tregua y poder entrar en el espacio del respeto, que desde hace tiempo es pisoteado.
Hoy no necesitamos protagonistas: Necesitamos humanidad. Y necesitamos que los gritos y descalificaciones se acallen. Nos urge tener una tregua y poder entrar en el espacio del respeto, que desde hace tiempo es pisoteado
Basta ya de discursos que dividan. Creo profundamente que la muerte no tiene la última palabra. Y sé que la esperanza cristiana no elimina las lágrimas ni pretende explicar lo inexplicable, pero sí nos recuerda que, incluso en la noche más oscura, Dios no nos abandona y está, a través nuestro, del lado de quienes lloran, de quienes sufren y de quienes se arrodillan para levantar a los demás.
Hoy mi oración abraza a quienes han perdido la vida, a los heridos, a las familias que esperan noticias y a quienes tendrán que aprender a vivir con una ausencia imposible de llenar. Mi fuerza y mi apoyo a los heridos…. Y también mi gratitud a todos los que están entregándose para salvar, acompañar y consolar.
Ojalá que esta tragedia, en este momento, nos haga mejores y nos enseñe que un país no se construye a gritos, sino cuidando la vida y la dignidad de cada persona. Porque una sociedad demuestra su grandeza no cuando todo va bien, sino cuando es capaz de abrazar unida a quienes están sufriendo.
Hoy sin duda España llora. Por favor, que nadie utilice sus lágrimas para dividirnos. Que el dolor nos haga más humanos y que la solidaridad nos mantenga unidos y que aquellas personas que han perdido a sus seres queridos, nunca se sientan solas.