León XIV: cuando el mundo mata en nombre de Dios, él habla de paz

Hay momentos en los que el mundo se rompe y ya no se puede maquillar la realidad… Y en medio de todo esto, líderes que hablan de Dios… Pero hay una frase que desmonta cualquier guerra disfrazada de religión: "La fe auténtica no mata"

El papa León XIV participa en la Vigilia de la Oración en la Basílica de San Pedro el 11 de abril de 2006
El papa León XIV participa en la Vigilia de la Oración en la Basílica de San Pedro el 11 de abril de 2006

Hay momentos en los que el mundo se rompe y ya no se puede maquillar la realidad.

Hoy vemos la guerra en Ucrania, el drama insoportable de Gaza… y ahora también la escalada en Irán y Líbano, donde los bombardeos, las represalias y el sufrimiento civil crecen cada día.  

En el Líbano, ciudades enteras golpeadas, hospitales desbordados, familias enterrando a los suyos.   En Irán, tensiones globales, amenazas, negociaciones rotas, un mundo al borde del abismo.

Y en medio de todo esto, líderes que hablan de Dios… mientras sostienen la guerra.

Por eso resuena con tanta fuerza la voz de Papa León XIV: “Incluso el santo Nombre de Dios, el Dios de la vida, está siendo arrastrado a discursos de muerte”.

Soldados ucranianos en Zaporiyia
Soldados ucranianos en Zaporiyia | Efe

Esto no es teoría. Es lo que está pasando. Se invoca a Dios mientras caen bombas. Se habla de fe mientras se legitima la violencia. Se bendicen estrategias militares como si fueran voluntad divina.

Y el Papa pone el dedo en la herida:

Un mundo de hermanos y hermanas con un solo Padre celestial se desvanece… dando paso a una realidad poblada de enemigos”.

Nos han robado la mirada de hermanos. Hoy el otro ya no es persona: es enemigo, amenaza, objetivo. Y así se justifica todo.

También lo vemos en los discursos políticos y militares, donde la palabra ha dejado de ser puente: “Nos encontramos con amenazas, en lugar de la invitación a escuchar y a reunirnos”. 

¿Cuándo dejamos de escucharnos? ¿Cuándo empezamos a justificar lo injustificable?

Pero hay una frase que lo cambia todo, una frase que desmonta cualquier guerra disfrazada de religión: “Quienes oran… no matan ni amenazan con la muerte”.

Así de claro. La fe auténtica no mata.

La fe auténtica no bombardea. La fe auténtica no necesita enemigos.

Y sin embargo, vemos cómo el poder se disfraza de Dios. Cómo algunos líderes convierten la religión en arma. Cómo se manipula lo sagrado para sostener lo injustificable.

Por eso el Papa va al fondo: “La muerte esclaviza a quienes han dado la espalda al Dios vivo… convirtiendo el poder en un ídolo mudo, ciego y sordo”.

Ahí está el verdadero drama: no es Dios el que está en guerra. Es el poder.

Un poder que exige víctimas. Un poder que pide sumisión. Un poder que se hace ídolo y pide que todos se arrodillen.

Líbano
Líbano

En medio de este mundo herido, la voz de Papa León XIV emerge con una claridad poco habitual. Sin ambigüedades. Sin miedo: Nombrando lo que muchos callan.

Quizás hoy es de los pocos líderes que está diciendo la verdad con toda su crudeza. Porque no: No se puede invocar a Dios para matar. No se puede bendecir la guerra. No se puede hablar de fe mientras se destruye la vida.

Nos toca elegir. O seguimos construyendo un mundo de enemigos, o volvemos a creer —de verdad— que somos hermanos.

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