Regresamos con el corazón herido… y más humano que nunca

La Caravana de la Bondad cumplió su misión

Sor Lucía, en Ucrania

La caravana de la bondad cumplió su misión.

Después de una semana intensa, atravesando fronteras, recorriendo kilómetros interminables, llevando vehículos a territorios atacados, visitando zonas castigadas por los bombardeos, pero sobre todo acompañando a los heridos y a las víctimas de la guerra, todo el equipo regresa.

Regresamos distintos.

Regresamos tocados por el dolor, pero también sostenidos por una esperanza que no se rinde.

No fuimos solamente a entregar ambulancias, generadores o vehículos. Fuimos a sostener manos temblorosas. A escuchar silencios. A mirar a los ojos a quienes han perdido demasiado y, sin embargo, conservan la dignidad intacta.

Ucrania tiene nombre y tiene rostro

Hemos visto edificios destruidos, carreteras heridas, barrios enteros que parecen suspendidos en el tiempo. Pero también hemos visto la grandeza moral de un pueblo que no claudica.

Lucía Caram, en un vídeo colgado en sus redes.
Lucía Caram, en un vídeo colgado en sus redes. | Instagram

Como nos recordaba el Papa Francisco: “La guerra es siempre una derrota.”

Y lo es. Lo es para todos. Porque cada bomba que cae rompe algo en la humanidad entera.

Pero en medio de esa derrota visible, hemos contemplado algo más fuerte: la resistencia serena, la solidaridad entre vecinos, la fe que no se apaga, la capacidad de reconstruirse una y otra vez.

Regresamos con personas que vienen a recuperarse. Hombres heridos, cuerpos marcados por la metralla, miradas que han visto el horror. Ellos son memoria viva de lo que está ocurriendo en Ucrania. Son el recordatorio constante de que la guerra no es una abstracción

Regresamos con memoria viva

No volvemos solos.

Regresamos con personas que vienen a recuperarse. Hombres heridos, cuerpos marcados por la metralla, miradas que han visto el horror. Ellos son memoria viva de lo que está ocurriendo en Ucrania. Son el recordatorio constante de que la guerra no es una abstracción.

Acogerlos es abrir un espacio de sanación, pero también de conciencia.

Apoyo a Ucrania
Apoyo a Ucrania | José Miguel de Haro

Es permitir que su presencia nos despierte.

Es dejar que su historia nos comprometa.

Porque cada vez que acogemos, afirmamos que la indiferencia no puede gobernarnos.

La última palabra no será del odio

La violencia intenta imponerse como destino.

Pero no puede convertirse en el sentido final de la historia.

Podrán herir cuerpos.

Podrán destruir ciudades.

Podrán sembrar miedo.

Pero no podrán apagar la luz de quienes siguen apostando por la vida.

La violencia grita, amenaza, golpea.

La bondad persevera, cura y reconstruye.

Y aunque el mal parezca más visible, es el bien el que sostiene el mundo.

No permitamos que el miedo se instale en nuestras decisiones. No dejemos que el conflicto se normalice. No consintamos que el odio penetre en nuestros corazones.

No permitamos que el miedo se instale en nuestras decisiones. No dejemos que el conflicto se normalice. No consintamos que el odio penetre en nuestros corazones

Cuando se escriba la historia

Cuando algún día se escriba el final de esta guerra, ojalá pueda decirse que hubo hombres y mujeres que no se resignaron.

Que eligieron amar cuando era más fácil endurecerse.

Que eligieron ayudar cuando podían mirar hacia otro lado.

Que eligieron creer cuando todo invitaba al desaliento.

Que decidieron comprometerse.

Que eligieron luchar —no por odio, sino por la libertad—.

Que defendieron valores éticos, humanos y trascendentes.

Que sostuvieron la dignidad cuando parecía tambalearse.

Que protegieron la vida como el bien más sagrado.

Sor Lucía Caram, en Odesa
Sor Lucía Caram, en Odesa | Sor Lucía Caram

Que comprendieron que la libertad no es un privilegio, sino una responsabilidad compartida.

Que entendieron que la justicia no es una idea abstracta, sino una exigencia concreta.

Que defendieron todo aquello que nos hace verdaderamente humanos: la compasión, la verdad, la solidaridad, la fe, la esperanza.

Ojalá pueda decirse que hubo un pueblo que resistió con dignidad.

Y que hubo otros pueblos que no lo dejaron solo.

No nos abandonéis

Hoy os lo pedimos con claridad y con humildad: no nos abandonéis.

Os necesitamos a todos.

Para seguir abriendo corredores humanitarios.

Para seguir acogiendo heridos.

Para seguir acelerando, con cada gesto, la llegada de la paz.

Para impedir que la violencia se expanda y contamine nuestro país, nuestro continente, el mundo… y sobre todo nuestros corazones.

La caravana ha cumplido su misión.

Pero nuestra tarea continúa.

Seguiremos saliendo.

Seguiremos regresando.

Seguiremos acompañando.

Porque creemos, con una convicción que nace del Evangelio y de la experiencia vivida, que el bien no es ingenuo: es transformador. Que la ternura no es debilidad: es fuerza histórica. Y que, aunque el invierno sea largo, la primavera siempre encuentra el modo de florecer.

Y cierro con una súplica que hago mía, en palabras del Papa Francisco:

“Que el Señor bendiga a todos y nos conceda el don de la paz.”

www.fsantaclara.org

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