La caricia del león
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"Estas personas merecen ser atendidas en condiciones dignas mientras formalizan su solicitud de asilo"
Desde la Delegación Diocesana de Migraciones de Málaga y Melilla, queremos expresar nuestra preocupación ante la situación que se está viviendo actualmente en las puertas del Centro de Estancia Temporal para Inmigrantes (CETI) de Melilla, debido a la denegación de entrada y acogida a un grupo de personas que han manifestado su deseo de solicitar asilo en España.
Al parecer, debido al cambio en el sistema de citas de asilo (antes presencial, ahora de forma telemática), las personas solicitantes obtienen un resguardo de cita que el CETI no está admitiendo como manifestación de voluntad, en contra del criterio expuesto por parte de las autoridades policiales competentes. Una falta de coordinación entre Administraciones que está provocando la vulneración del derecho al asilo y una deshumanización de nuestras instituciones: ahora mismo, 14 personas (5 jóvenes de Mali, el resto son personas de Venezuela y Colombia, entre las que hay 4 mujeres) se encuentran atrapadas en Melilla, en situación de calle, habiendo improvisado un pequeño asentamiento en las inmediaciones del CETI, sin ningún tipo de asistencia, ni acceso a los servicios mínimos. Algunas de ellas requieren asistencia médica.
Desde esta Delegación, queremos mostrar nuestra solidaridad y nuestro apoyo a estas personas, que merecen ser atendidas en condiciones dignas mientras formalizan su solicitud de asilo. Nos preocupa muchísimo la falta de respuesta por parte de la Administración, que tiene el deber de coordinarse con todas las autoridades competentes e incluso permitir y fomentar la cooperación ciudadana, para evitar que se den estas situaciones injustas y contrarias al bien común. Es deber del Estado garantizar el ejercicio de los derechos humanos, armonizando con justicia los diferentes intereses sectoriales, no impedir su ejercicio con ocasión de mayores trabas burocráticas.
Nuestro agradecimiento a todas las entidades sociales -entre las que se encuentra la Iglesia en Melilla-, que están acompañando y tratando de atender las necesidades de nuestros hermanos. La Iglesia no puede descuidar el servicio de la caridad, como no puede omitir los Sacramentos y la Palabra (1). Y no podemos olvidar que ello implica la cercanía y apoyo fraterno, para el ejercicio de los derechos. Animamos a defender y practicar una política de migración y asilo coordinada y eficaz, que ponga en el centro a las personas, que no renuncie a la tutela de sus derechos y que se guíe por la razón, teniendo presente los verbos que el Papa Francisco nos ha repetido hasta la saciedad: acoger, proteger, promover e integrar.
(1) Benedicto XVI, Deus caritas est 22
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