El párroco de Lampedusa recuerda a los migrantes muertos, 130 más esta semana "Se está produciendo un genocidio": Don Stefano, la voz de la conciencia en el cementerio del Mediterráneo

Francisco en su histórico viaje a Lampedusa
Francisco en su histórico viaje a Lampedusa

"Se está produciendo un genocidio en el Mediterráneo. El enésimo en la historia de la humanidad"

Sobre la pandemia: "Morimos en el mar de la indiferencia, en el desierto del dolor"

"Mientras surcábamos las aguas a bordo de la lancha patrullera que nos llevaría al muelle de Favaloro, le oí susurrar: "Cuánto sufrimiento, cuánto sufrimiento...". Un susurro que se convirtió en un grito triste y melancólico. Pero el Papa no se limitó a llorar, quiso tocar la carne de Cristo, torturado y crucificado, consoló a los que llegaron"

"Es el tiempo de la vergüenza". 130 nuevos migrantes fallecidos en el Mediterráneo, que vuelven a engrosar la macabra lista de los muertos en el gran cementerio en que se ha convertido el Mare Nostrum. Las palabras del Papa tras el rezo del Regina Coeli son, lamentablemente, similares a las que se llevan produciendo en los últimos ocho años, desde que el 3 de octubre de 2013 fallecieron 368 migrantes junto a las costas de Lampedusa.

Entonces, Stefano Nastasi ejercía como párroco en San Gerlando. A las pocas horas, se animó a escribir al Papa. Poco después, su visita, la primera que el Pontífice recién elegido hacía fuera de Roma. Hoy, como entonces, el padre Stefano lo tiene claro: "Se está produciendo un genocidio en el Mediterráneo. El enésimo en la historia de la humanidad".

En declaraciones a Adnkronos, el párroco, ahora en Agrigento, lamenta que "nada ha cambiado desde entonces, por más que condenemos y juzguemos". "Es un dolor que se perpetúa. Lágrimas arrastradas por el viento de la indiferencia".

Migrantes Lampedusa
Migrantes Lampedusa

Una indiferencia que, como el coronavirus, no entiende de fronteras. "La pandemia ha puesto en riesgo la desorientación total. Estamos llamados a atravesar el desierto de la soledad y sin una respuesta del otro corremos el riesgo de sucumbir. Morimos en el mar de la indiferencia, en el desierto del dolor".

Pero, como señala el Papa, "en esta barca estamos todos: o nos hundimos todos juntos o nos salvamos todos. Pero la fragilidad de nuestros hermanos y hermanas, ya sean emigrantes en busca de una nueva vida o el anciano solitario de la puerta de al lado, debe ser nuestra, y debemos asumirla".

"A menudo, en estos años de mi ministerio, he pensado y rezado por las jóvenes vidas acogidas en el Mediterráneo: tal vez pensaban en él como un mar de esperanza o un puerto oceánico del futuro, ciertamente no como un lugar de enterramiento. Qué tumba más inquieta", recuerda el sacerdote.

El Papa, en Lampedusa
El Papa, en Lampedusa

El padre Stefano recuerda, como si fuera hoy (porque siempre es hoy para los migrantes muertos), la visita del Papa a Lampedusa. "Mientras surcábamos las aguas a bordo de la lancha patrullera que nos llevaría al muelle de Favaloro, le oí susurrar: "Cuánto sufrimiento, cuánto sufrimiento...". Un susurro que se convirtió en un grito triste y melancólico. Pero el Papa no se limitó a llorar, quiso tocar la carne de Cristo, torturado y crucificado, consoló a los que llegaron".

"Piedad y ternura: esta es la revolución de Bergoglio", según el ex párroco de Lampedusa. La misma piedad y ternura que, recuerda, "tantas veces he visto en las aguas del Mediterráneo y en ese ya famoso muelle de Favaloro". Para Don Stefano, la visita del Papa Francisco a Lampedusa no fue "una visita protocolaria". Como sus palabras, sus llamadas de atención, su deseo de que la vergüenza de la pasada semana sea última. De que el dolor no sea en vano.

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