Monseñor Javier Arrazola: "Los coreanos católicos nos quieren muchísimo"
Hoy se celebran las Bodas de oro de su ordenación sacerdotal
Lleva 15 años en Corea y, antes, estuvo 28 en Filipinas
Hablar de su vida es como recorrer un mapa lleno de países, experiencias y gentes de toda condición. Holanda, Estados Unidos, Filipinas y Corea han sido su hogar desde que, a los 14 años de edad, se marchara de Legazpi para emprender una vida entregada a la docencia y al misionado. Ahora, Javier Arrazola regresa a casa coincidiendo con el 50 aniversario de su ordenación como sacerdote. Sus Bodas de Oro serán celebradas hoy en la parroquia con una misa especial.
La ceremonia dará comienzo a las doce del mediodía y estará oficiada por el propio Arrazola. Le acompañarán en el altar prelados llegados de numerosos lugares como el obispo filipino y Nuncio del Papa en Haití, Bernardito Auza, una decena de dominicos (orden a la que pertenece) y el párroco de la localidad, Victoriano Etxabe. Lo entrevista Cristina Limia en Diario Vasco.
-¿Qué significado tiene para usted la jornada de hoy?
-La vivo con emoción. Tal día como hoy, hace 50 años, celebré mi primera misa oficial como sacerdote. Fue en la parroquia de Legazpi y se trataba de la boda de mi hermano, Victoriano, con Arantxa, así que la celebración es doble.
-¿Acaba de llegar de Corea?
-Sí, allí fue donde comenzaron las celebraciones de mi 50 aniversario como sacerdote. Fue el pasado domingo, con una misa y una gran fiesta para más de 350 personas.
-¿Cuánto tiempo lleva allí?
-Voy a cumplir 15 años como misionero en Corea. Nuestro trabajo en el país ha sido introducir la orden de los dominicos. Tenemos dos conventos de padres, uno en Seúl y otro en Ansan. Yo ando entre uno y otro, como el representante del Provincial de los dominicos.
-¿Es su intención quedarse allí?
-Me gustaría que al cumplir los 80 -ahora tengo 75- me enviaran de vuelta a España. Si no fuera de esa forma, me costaría enormemente pedir que me cambiaran de destino, porque no tengo ninguna razón para ello. Los coreanos católicos nos quieren muchísimo y la gente nos trata muy bien.
-De todos los países que ha conocido, ¿cuál le ha marcado más?
-Filipinas y Corea han sido muy especiales. De Filipinas hay que hablar siempre de una manera cariñosa, viven el catolicismo con mucha devoción y estar allí es algo así como estar en casa. Aunque la primera adaptación al país es dura, si en los primeros meses me hubieran preguntado si quería ir a Nigeria, Zambia o cualquier otro lugar del fin del mundo, hubiera dicho que sí, el clima se hace muy difícil.
-¿Qué vínculos mantiene con Legazpi?
-El más fuerte es el familiar. Somos cinco hermanos, el mayor de todos, Victoriano, falleció hace tres años. El resto viven aquí. Carmen y Jesús están en Legazpi y Josetxo en Zumarraga. Suelo venir cada dos años y a diferencia de otras personas que andan de aquí para allá, yo establezco mi campamento base en Legazpi y no me muevo de él. En esta ocasión estaré aquí hasta el 13 de octubre. La verdad es que guardo muy buenos recuerdos de mis años de estudiante en el Buen Pastor y de la gente de aquí.