Campaña de Entreculturas sobre los refugiados en Sudáfrica ¡Pita Falta!

(Entreculturas).- "Cuando veas un partido del Mundial, y el árbitro pite falta... piensa en los cientos de miles de refugiados que viven en los alrededores de Johannesburgo. Y en todo lo que les falta". Así arranca la campaña que Entreculturas ha lanzado para dar voz a los refugiados y asilados que viven en Sudáfrica, los grandes silenciados -y no por las vuvuzelas- del Mundial.

Más de 200.000 refugiados y solicitantes de asilo procedentes en su mayoría de Zimbabue, aunque también de República Democrática del Congo, Angola, Ruanda, Burundi y Etiopía, viven en Sudáfrica. Miles de ellos parten a la ciudad en busca de nuevas oportunidades, pero se encuentran en un limbo legal, puesto que al no vivir en los campos de refugiados no están protegidos por las Naciones Unidas.

Entreculturas y su socio local sobre el terreno, el Servicio Jesuita a Refugiados, trabaja con ellos para apoyarles en sus duras condiciones, no sólo acompañándoles, sino proporcionándoles protección y formación. Se trata de jóvenes de entre 4 y 18 años, huérfanos en su mayor parte o que han sido separados de sus padres, y que sufren la cada vez más alarmante oleada de violencia en Johannesburgo.

También los refugiados adultos forman parte de este proceso, ayudando en el cuidado de los más vulnerables, con el apoyo de trabajadores sociales del SJR que se encargan de la supervisión del proyecto.

En esta iniciativa se contemplan además actividades de formación profesional para adultos, así como planes de asistencia (sanidad básica, distribución de comida y otros bienes) orientados a personas con fuerte vulnerabilidad, tanto jóvenes como adultos.

El SJR trabaja desde 1998 en Sudáfrica y está presente además en otras ciudades como Pretoria y en la provincia fronteriza de Limpopo, para hacer frente a esta realidad silenciada. Los refugiados urbanos se enfrentan a la marginación, al desempleo o la explotación laboral, a vivir en barrios apartados con difícil comunicación, y en ocasiones, como ha pasado en Sudáfrica, a sufrir violencia por parte de la población local. Por eso es necesario que no se sientan solos.

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