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Catástrofe ferroviaria en Toledo

Cáritas denuncia: el acceso a la vivienda, "misión imposible"

Presentación del informe Foessa

“La vivienda imposible: Del alquiler inaccesible al realquiler de supervivencia” es el título del último informe de la Fundación Foessa presentado este miércoles en la sede de Cáritas. Ya desde el título, muestra una terrible realidad: el acceso a una vivienda digna es, casi, una 'misión imposible'. Así lo destacaron, durante la rueda de prensa de presentación del informe, María González Dyne, secretaria general de Cáritas Española, y Thomas Ubrich, sociólogo del comité técnico de la Fundación FOESSA. Una presentación empañada por el trágico accidente de tren a la altura de la estación de Urda (Toledo), que se vislumbra como una nueva catástrofe. Cáritas quiso trasladar "nuestra cercanía a las víctimas y sus familiares".

Ebn el mismo, se constata cómo la mitad de las personas que en la actualidad viven de alquiler (un 50,6%) no tendrían un nivel de ingresos suficientes para acceder, hoy, al mercado del alquiler. Una auténtica 'guerra' que convierte el acceso a la vivienda en un mecanismo de selección social en España. No sólo eso: según los datos de Foessa, siete de cada diez inquilinos no podrían, hoy, acceder a la financiación requerida para comprar una vivienda.

Para la secretaria general de Cáritas, “la crisis actual de acceso y mantenimiento de la vivienda representa una barrera estructural para millones de personas, alimentada por un profundo e insostenible desajuste entre los precios del mercado, tanto en alquiler como en compra, los ingresos reales de los hogares y la drástica falta de opciones sociales y asequibles”. Y es que, tal y como aseguró María González Dyne, las personas que no cuentan con capacidad económica para acceder al mercado ordinario de la vivienda se ven obligadas a desplazar su búsqueda de alojamiento hacia habitaciones, subarriendos, acuerdos informales o casas en malas condiciones. Una situación que afecta especialmente a hogares jóvenes, monoparentales, personas migrantes, hogares con baja intensidad laboral y con ingresos insuficientes o variables.

Realquiler de habitaciones

En el año 2025, una de cada cuatro personas atendidas por Cáritas (266.435) habían recurrido al realquiler de habitaciones como “solución habitacional”. Y es que, según Thomas Ubrich, "el realquiler de habitaciones se ha convertido hoy en uno de los recursos utilizados por familias expulsadas del mercado ordinario de vivienda, en ocasiones mediante relaciones contractuales débiles, informales o incluso sin contrato, y con una tendencia a prolongarse y cronificar estrategias residenciales que, en el mejor de los casos, deberían ser transitorias”.

Realquilar 'en negro' tiene, según Cáritas, graves consecuencias sobre las condiciones de vida de las personas, desde la inseguridad jurídica (por la falta de un contrato, lo que conlleva desprotección o, por ejemplo, la imposibilidad de empadronarse), el riesgo a ser expulsado -en los conocidos como 'desahucios invisibles'- o restricciones en el uso de espacios compartidos.

El precio de la vivienda | Informe Foessa

Así, "la habitación se convierte en el único lugar disponible para descansar, comer, guardar pertenencias -incluso comida-, relacionarse, estudiar, trabajar o cuidar de los hijos e hijas. Un espacio mínimo de supervivencia que concentra todas las funciones de la vida cotidiana que deberían de repartirse en una vivienda adecuada”, señaló Ubrich, lo que fomenta la precariedad, el bienestar y, en el caso de las familias, el ejercicio cotidiano de la crianza.

El mercado del realquiler demuestra que, para una buena parte de la población, el alquiler no opera como una opción flexible, sino como una posición residencial vulnerable que condena a muchas personas y familias a una exclusión permanente de un derecho que va mucho más allá de un simple techo, el derecho al hogar.

Los datos muestran además que el alquiler no puede presentarse automáticamente como solución para quienes no pueden comprar. “Puede ser una alternativa funcional para hogares con ingresos medios o estables, pero se convierte en un factor de exclusión cuando absorbe una parte excesiva de la renta disponible. La cuestión clave no es solo si hay viviendas en alquiler, sino si esas viviendas son económicamente accesibles para los hogares que las necesitan”, afirmó Ubrich.

Según Cáritas, muchas familias sufren estrés financiero por el alquiler | EFE

Comprar, más difícil todavía

Y si alquilar con dignidad es una misión casi imposible, la compra "es aún más inaccesible". Siete de cada diez inquilinos no podrían acceder a la financiación necesaria para comprar, sustenta el análisis de Foessa, que apunta cómo "el mercado residencial español no opera como un espacio homogéneo, sino como un conjunto de mercados territoriales con niveles de presión muy distintos".

“Estos datos muestran que las políticas de vivienda deben adaptarse a la estructura de cada mercado territorial: no basta con una respuesta uniforme, porque la tensión no adopta la misma forma en todos los lugares”, señaló Ubrich.

El ejercicio realizado por FOESSA aproxima la accesibilidad económica a la vivienda a partir de dos escenarios complementarios: la compra y el alquiler. En el caso de la compra, el modelo toma como referencia una vivienda tipo de 80 m² e incorpora un 10% de gastos asociados, una financiación máxima del 80%, un plazo hipotecario de 25 años, un tipo de interés del 2,5% y un umbral máximo de esfuerzo del 30% de los ingresos.

Producir y movilizar vivienda efectiva, asequible y social

¿Y qué hacer? Frente a esta brecha de accesibilidad, "la respuesta no puede limitarse a producir más vivienda en abstracto. Debe producir y movilizar vivienda efectiva, asequible y socialmente orientada, capaz de responder a quienes hoy quedan fuera tanto de la compra como del alquiler ordinario”, apuntó Ubrich. Por ello, apunta Cáritas, son precisos mecanismos de financiación responsable, como el alquiler social o la corrección de la escasez de ofertas en lugares de alquileres tensionados.

“También es necesario reforzar el papel del sector público. Un parque social reducido impide responder adecuadamente a quienes quedan fuera de la compra y del alquiler de mercado. La vivienda, por tanto, debe situarse en el centro de las políticas de inclusión, no solo como infraestructura urbana o activo económico, sino como condición material para la integración social”, subrayó el sociólogo.

Informe de Cáritas sobre vivienda | Caritas Española

La vivienda es, sobre todo, un hogar

En definitiva, tal y como reflexionó la secretaria general de Cáritas, plantear que que “es posible mirar la vivienda como un espacio físico, es decir, cuatro paredes más o menos bien construidas, más o menos amplias. Pero esta mirada deja fuera lo esencial: la vivienda es, ante todo, el lugar donde se despliega el hogar”. “No poder acceder a una vivienda, o hacerlo únicamente desde la lógica de la `solución habitacional´ entendida en términos funcionales, supone negar el hogar y dificultar el pleno desarrollo de muchas facetas humanas”, añadió.

“Cuando reducimos la vivienda a su valor de cambio, medimos su importancia únicamente en términos de mercado (cuánto cuesta, cuánto se revaloriza, cuánto rinde) y perdemos de vista lo que realmente está en juego: la posibilidad de una vida plena. Recuperar esa distinción entre valor y precio resulta clave para salir de la trampa de una visión que reduce a mercancía algo que, en realidad, sostiene aspectos esenciales de lo humano”, insistió González Dyne, quien lamentó que "estamos perpetuando una situación que niega estructuralmente el derecho al hogar, apuntando con ello a un modelo de sociedad contradictorio con aquel al que aspiramos”.

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