"Si no cambiamos las reglas del Orden Internacional, seguirá habiendo guerras, hambre, desigualdad e injusticia"
Cierre de las jornadas de Manos Unidas: ¿Puede ser la paz un 'arma' en esa 'guerra' contra el hambre?
Tras la denuncia, la llamada a la acción. ¿Es posible construir la paz desde el derecho a la alimentación? O, dicho de otro modo, ¿puede ser la paz un 'arma' de esa 'guerra' contra el hambre? Manos Unidas cree que sí. Y los ponentes de esa segunda mesa, moderada por Marco Gordillo, en la que intervinieron Rafael Grasa, experto en construcción de paz y transformación de conflictos; Emma Orejudo, subdirectora de la AECID para la transición ecológica, agua y lucha contra el hambre; y María González Lopez, directora de Enraíza Derechos, organización especializada en la transformación de los sistemas alimentarios.
"Hoy estamos peor que en 2015", admitió Grasa, quien pidió "hacer otras cosas". "Basta ya de engañarnos y de jugar al buenismo. Si no cambiamos las guerras del orden internacional, seguirá habiendo conflictos en el mundo, seguirá habiendo hambre, desigualdad e injusticia". Por su parte, Orejudo fue más optimista, señalando cómo España sigue a la cabeza de la Ayuda Oficial al Desarrollo.
Junto a eso, animó a "cuidar la promoción del ser humano" como clave para el desarrollo internacional. Finalmente, María González subrayó el papel del hambre en los grandes desafíos globales. "El hambre, el cambio climático, la pérdida de biodiversidad son grandes espacios globales que están interconectados", subrayó, instando, como Rafael, a cambiar las reglas del juego y "alterar los desequilibrios de poder" existentes.
"Ningún país del mundo tiene soberanía alimentaria", arrancó su intervención Rafael Grasa, quien pidió medidas a largo plazo y con posibilidad de correciones en función de la realidad. Junto a ello, denunció "las gotas que colman el vaso" y que son las que mandan en los medios, para contar las causas estructurales de los conflictos, que "son pocas y muy difíciles de cambiar". "Focalicemos nuestro objetivo para no salvar nuestra conciencia, sino otras cosas" añadió, subrayando que en política internacional "no hay división de poderes". No hay poder ejecutivo (Naciones Unidas no lo es) ni judicial ("el Tribunal Penal Internacional no tiene decisiones vinculantes, ni policía judicial, para hacerlas cumplir"). Entonces, ¿qué hay que hacer? "Insistir en la importancia de las normas", y "partir de cómo son las cosas, y como no nos gustan, saber qué hacer para cambiarlas".
Emma Orejudo, por su parte, habló de la estrategia española para la cooperación, una empresa multilateral que requiere tiempo (que no siempre se tiene cuando hablamos de gobiernos y estrategias políticas) y no dejar de lado la equidad de trato y la igualdad de la mujer. España "sigue apostando por el multilateralismo", y por tratar de "garantizar el derecho a la alimentación", que es constitutivo en la estrategia de trabajo del Gobierno de España. Y que no es tan común en el actual contexto.
Finalmente, María González apuntó la necesidad de "concebir que el problema del hambre o las diversas formas de malnutrición es un problema político, y que necesita soluciones políticas, con coherencia y visión de futuro", y también con una "coherencia vertical", desde los espacios globales a los locales. Lo que cambia el cómo y el quién toma esas decisiones. Una participación de todos, a todos los niveles, resulta fundamental si de verdad se quiere trabajar en el sueño de acabar con el hambre.
