La ley del más rico: Oxfam denuncia en Davos la concentración de la riqueza mundial en 3.000 multimillonarios
El informe de Oxfam publicado con motivo de la inauguración del Foro Económico Mundial de Davos, en Suiza, denuncia la enorme concentración de riqueza en manos de unos pocos
Vatican News.- En 2025, la riqueza de los multimillonarios alcanzó un nivel sin precedentes en la historia reciente. Según el nuevo informe de Oxfam, presentado en la inauguración del Foro Económico Mundial de Davos, hay más de 3.000 multimillonarios en el mundo, que poseen un patrimonio total de 18,3 billones de dólares. Esto supone un crecimiento del 16 % en términos reales con respecto al año anterior y un ritmo tres veces superior a la media de los últimos cinco años.
«El informe refleja una vez más quiénes son los ganadores y los perdedores de la economía global», explica Misha Maslennikov, investigador y analista de políticas públicas de Oxfam Italia. «Nos enfrentamos a una cantidad exorbitante de riqueza, que ha crecido un 81 % con respecto a 2020, lo que equivale a aproximadamente ocho veces el PIB de un país como Italia».
Una riqueza que, según destaca Oxfam, sería suficiente para eliminar la pobreza extrema en el mundo hasta 26 veces. Sin embargo, el vertiginoso crecimiento de la riqueza de los súper ricos no se corresponde con ningún avance en la reducción de la pobreza mundial: «La tasa de reducción de la pobreza se mantiene prácticamente sin cambios desde hace seis años», observa Maslennikov. «Si el crecimiento económico no se vuelve inclusivo y se redistribuye mejor, corremos el riesgo de no alcanzar el objetivo de eliminar la pobreza extrema para 2030 y de encontrarnos, en 2050, con que un tercio de la población mundial —casi 3000 millones de personas— sigue viviendo en condiciones de pobreza».
El poder del dinero
Según Oxfam, la acumulación extrema de riqueza no es un fenómeno neutro, sino que alimenta un círculo vicioso que también refuerza la concentración del poder político. «En el informe ponemos de relieve un vínculo estructural entre la concentración de la riqueza y la concentración del poder», afirma Maslennikov. «Las personas más ricas utilizan su poder económico para orientar las políticas públicas en su propio beneficio, en lugar del interés colectivo».
Esta dinámica, continúa Oxfam, representa un fracaso de los sistemas democráticos: las desigualdades extremas erosionan el pacto cívico, desgarran el tejido social y alimentan la desconfianza y la fragmentación. En muchos países se está reforzando una fractura territorial entre «lugares que importan» y «lugares que no importan», zonas abandonadas donde el desarrollo se estanca y crece el consenso hacia propuestas políticas populistas o extremistas, que prometen cambios radicales pero acaban consolidando el status quo.
La democracia y la libertad de información en peligro
Oxfam también señala el impacto de las desigualdades en los sistemas de información. «El control de los medios de comunicación es uno de los principales canales a través de los cuales el poder económico ejerce una influencia desproporcionada en el debate público», explica Maslennikov. «Siete de los mayores grupos mediáticos del mundo están controlados actualmente por multimillonarios, lo que contribuye a desacreditar las alternativas más igualitarias y a legitimar moralmente las desigualdades».
Otro tema central es la deuda de los países más pobres. Para Oxfam, se trata de una verdadera «loseta» que limita el espacio fiscal necesario para invertir en educación, salud y bienestar. «Demasiados países gastan hoy más en el servicio de la deuda que en la salud y la educación de sus ciudadanos», denuncia Maslennikov, señalando que esto acentúa aún más las desigualdades globales.
Las recomendaciones de Oxfam
Ante este panorama, Oxfam pide un cambio de paradigma: la reestructuración y la cancelación de la deuda de los países más pobres, una fiscalidad más equitativa a nivel mundial y la introducción de una norma internacional de tributación de la riqueza extrema. Oxfam pide a Italia que asuma un papel más activo: aumentar los recursos destinados a la cooperación internacional hasta el 0,7 % del producto nacional bruto, apoyar una fiscalidad global de los súper ricos y promover la creación de un panel internacional sobre la desigualdad capaz de evaluar con rigor científico el impacto de las políticas públicas en las disparidades. «Existe una salida al abismo de la desigualdad», concluye Oxfam, «pero requiere voluntad política, cooperación internacional y la decisión de volver a situar la igualdad, los derechos y la democracia en el centro de las decisiones económicas globales».
