Manos Unidas en 2025: el año en el que compartir se convirtió en esperanza
Ha sido un año intenso y de gran significado para Manos Unidas. Un año en el que nos hemos reafirmado en la convicción de que compartir es el único camino hacia una prosperidad verdadera, para todas las personas y en todos los lugares de la Tierra
Termina 2025; un año en el que la solidaridad y el compromiso han permitido que la esperanza se haga un hueco en sociedades marcadas por la violencia, la confrontación y la polarización.
Ha sido un año intenso y de gran significado para Manos Unidas. Un año en el que nos hemos reafirmado en la convicción de que compartir es el único camino hacia una prosperidad verdadera, para todas las personas y en todos los lugares de la Tierra.
En febrero dimos el pistoletazo de salida a nuestra campaña «Compartir es nuestra mayor riqueza», con la que animábamos a cuestionar un modelo de desarrollo que deja en la cuneta a millones de personas. Una campaña que puso el foco en quienes claman por una vida más digna y en la que redoblamos nuestros esfuerzos por denunciar las causas del hambre y la pobreza.
En marzo, tuvimos la fortuna de multiplicar nuestro mensaje con la ayuda de grandes amigos y personas comprometidas con nuestra causa. Gracias al concierto CADENA100 Solidarios, la música más solidaria viajó hasta uno de los proyectos que apoyamos en Camboya, donde la palabra infancia sigue siendo un espejismo para miles de niños y niñas.
Ese mismo mes, sumamos un nuevo miembro a la familia de Manos Unidas: el chef Pepe Rodríguez Rey se incorporó como embajador y nos ayudó a acercar nuestro trabajo a nuevos públicos.
Abril estuvo marcado por la emoción y la memoria. La muerte del papa Francisco supuso un momento de tristeza, pero también de agradecimiento por un pontificado alineado con los valores de justicia social que Manos Unidas defiende desde hace décadas.
Ese mes apostamos también por nuevos formatos con el lanzamiento de nuestro primer videopódcast, «En qué mundo vivo», un espacio de diálogo que tiende puentes entre el norte y el sur.
Mayo trajo consigo renovación y futuro. A la bienvenida al papa León XIV se sumaron la celebración de la final de la categoría Escuelas de nuestro Festival de Clipmetrajes y el II Encuentro de Jóvenes Voluntarios de Manos Unidas, que reforzaron el protagonismo de las nuevas generaciones en la organización.
Además, la reelección de Cecilia Pilar Gracia como presidenta reafirmó la continuidad de un liderazgo comprometido con las personas más vulnerables.
En junio, la creatividad volvió a ponerse al servicio de la justicia social con la final de Clipmetrajes en su categoría general. Ese mes presentamos también la Memoria de nuestro trabajo en 2024, que confirmó el impacto real de la labor de Manos Unidas en la vida de millones de personas y recordó que detrás de cada proyecto hay un rostro y una historia de transformación.
Durante el verano, reforzamos nuestro papel de incidencia política y social con la participación en la Cumbre de Sevilla, donde reclamamos la condonación de la deuda de los países empobrecidos. En ese contexto, Cecilia Pilar aprovechó la publicación del informe SOFI para denunciar la falta de voluntad política para acabar con el hambre.
Los jóvenes de Manos Unidas emprendieron también un camino —literal y simbólico— hacia un mundo más justo, como reflejó su participación en el Camino de Santiago.
Septiembre marcó un nuevo hito para la organización con la participación, por primera vez, en el programa europeo Erasmus+, una oportunidad para ampliar horizontes y fortalecer el trabajo con jóvenes en el ámbito internacional.
El otoño estuvo cargado de reflexión y denuncia. Octubre comenzó con la triste despedida a monseñor José Antonio Álvarez y nos ofreció espacios de diálogo con expertos en la mesa «Hambre, soberanía alimentaria y derecho a la alimentación». Ese mes lanzamos también la campaña «Refranes contra el hambre», una propuesta cercana y culturalmente arraigada para sacudir conciencias.
En noviembre, Pepe Rodríguez Rey viajó a Senegal para conocer de primera mano los proyectos apoyados por Manos Unidas en el país africano, y estuvimos presentes en la COP30, alzando la voz entre la desilusión y la esperanza frente a la crisis climática.
El año se cerró en diciembre con un gesto profundamente humano y coherente con la misión de nuestra asociación: la visita del Papa a un hospital psiquiátrico apoyado por Manos Unidas, un recordatorio de que cuidar, acompañar y dignificar a las personas más olvidadas sigue siendo el corazón de nuestra labor.
Un año más, en Manos Unidas hemos querido demostrar que compartir no es solo un concepto, sino una manera concreta de transformar el mundo.
