Manos Unidas apoya en Venezuela el reto de la vuelta a las aulas tras los terremotos
Los terremotos han agravado en Venezuela una situación que ya era compleja en la escuela antes de la emergencia. Hoy, después de la atención inmediata, miles de niños, niñas y adolescentes necesitan poder volver al sistema educativo en condiciones de seguridad
(Manos Unidas).- El 24 de junio de este 2026, dos seísmos, de magnitudes 7,2 y 7,5, sacudieron parte de Venezuela y, en cuestión de segundos, dejaron miles de víctimas mortales, decenas de miles de personas heridas y numerosas familias sin hogar. Su impacto se extendió por siete estados del centro y norte de Venezuela, agravando una situación social y económica ya muy frágil.
A consecuencia de la tragedia, el país se encuentra este año con un desafío añadido: ayudar a miles de niñas, niños y adolescentes a regresar a las aulas en condiciones de seguridad y acompañar a docentes y familias que también han resultado afectados por los terremotos del pasado 24 de junio. Para muchas de estas familias, volver a clase supondrá recuperar una parte esencial de su vida cotidiana.
Los terremotos han agravado una situación que ya era compleja. Antes de la emergencia, numerosos centros educativos sufrían deficiencias de infraestructura, interrupciones frecuentes en el suministro de agua y electricidad, dificultades para completar la jornada escolar y limitaciones para garantizar unas condiciones adecuadas de aprendizaje. A ello se suman las precarias condiciones laborales del profesorado, afectado desde hace años por los salarios insuficientes y la escasez de recursos educativos.
Después de la atención inmediata (centrada en salvar vidas, atender a las personas heridas y facilitar alimentos, agua y productos básicos, así como ofrecer alojamiento temporal a miles de personas que perdieron sus hogares) continúa una etapa que exige respuestas sostenidas. Muchas familias necesitan reconstruir sus viviendas, recuperar sus medios de vida y afrontar las secuelas emocionales de la catástrofe. Y miles de niños, niñas y adolescentes necesitan poder volver al sistema educativo en condiciones de seguridad.
Educación para retomar la normalidad
La escuela es mucho más que un espacio de aprendizaje. Es también un entorno de socialización, cuidado y acompañamiento que ayuda a la infancia y la adolescencia a recuperar referentes, rutinas y vínculos comunitarios tras una crisis. Volver al aula permite reencontrarse con compañeros y docentes, recuperar espacios de convivencia y disponer de un entorno que favorezca el bienestar emocional de la infancia afectada por una catástrofe de esta magnitud.
Por ello, el proyecto de respuesta, recuperación y reconstrucción que apoya Manos Unidas en Venezuela, a través de la organización Unidos en la Misión, contempla una línea específica de educación en emergencias. Esta línea busca contribuir a que el alumnado pueda retornar de forma segura a la escuela, mantener la continuidad de su aprendizaje, contar con el apoyo necesario para afrontar el impacto emocional provocado por los terremotos, así como acceder a materiales escolares, uniformes y otros recursos básicos para la continuidad educativa.
El regreso a las aulas no supone únicamente recuperar los aprendizajes, interrumpidos por los terremotos. También implica acompañar a estudiantes, docentes y familias que han vivido pérdidas humanas, desplazamientos, destrucción de viviendas o la pérdida de sus medios de vida. Por ello, el apoyo psicosocial y la preparación de las comunidades educativas se han convertido en una prioridad para garantizar un entorno seguro y protector.
Una respuesta coordinada desde Venezuela
Esta respuesta se articula a través del socio local de Manos Unidas, Unidos en la Misión, fundación jesuita que coordina el apoyo a las obras sociales de la Compañía de Jesús en Venezuela.
Desde los primeros días tras la emergencia, esta red se movilizó para atender las necesidades más urgentes de las comunidades afectadas y, al mismo tiempo, diseñar una estrategia de recuperación a medio plazo.
Durante estos meses, las organizaciones que integran la red han combinado la atención humanitaria inmediata con la planificación del próximo curso escolar. Entre otras acciones, han evaluado daños en centros educativos, identificado necesidades del alumnado y profesorado, diseñado estrategias de acompañamiento psicosocial y preparado medidas para facilitar una vuelta segura a las aulas. Nakari Delgado, coordinadora nacional de Sostenibilidad del Programa Escuelas de Fe y Alegría, explica:
Actualmente estamos desarrollando todo nuestro esfuerzo humano y técnico para iniciar las clases garantizando que los colegios afectados por el terremoto puedan ser espacios realmente seguros y protectores para nuestros niños, niñas, adolescentes y jóvenes
El resultado es un Plan Único de Respuesta, Recuperación y Reconstrucción que reúne capacidades, recursos y actuaciones de las organizaciones participantes para ofrecer un acompañamiento integral y sostenido a las poblaciones damnificadas.
Manos Unidas se suma a este esfuerzo colectivo junto con otras entidades colaboradoras y personas donantes. Como explica Cecilia Pilar, presidenta de Manos Unidas:
La respuesta de Manos Unidas ante esta emergencia en Venezuela ha sido posible gracias a la solidaridad de muchas personas, parroquias, delegaciones, entidades y colaboradores que se han sumado a nuestra llamada. Hasta el momento, se han recaudado más de 460.000 euros, una aportación que permitirá seguir apoyando a las comunidades más afectadas. Desde Manos Unidas queremos agradecer cada donación y cada gesto de apoyo. Esta solidaridad está haciendo posible que la ayuda llegue donde más se necesita
Una recuperación que lleva tiempo
Cuando una catástrofe deja de ser noticia, sus consecuencias continúan presentes en la vida de las personas. Reconstruir implica atender las necesidades urgentes, pero también acompañar durante años a las familias y comunidades para que puedan recuperar su autonomía y sus proyectos de vida.
En Venezuela, favorecer el regreso a la escuela es una parte fundamental de ese proceso.
Para Manos Unidas ayudar a que la infancia vuelva a aprender, convivir y sentirse segura es también contribuir a reconstruir el futuro de las comunidades afectadas. Como afirma Jesús Rodríguez Villarroel, SJ, director de Unidos en la Misión:
Ahora comienza una etapa mucho más complicada: acompañar a las familias damnificadas, recuperar espacios de vida, atender a niñas y niños que se han quedado sin escuela y apoyar psicosocialmente a las familias para que puedan volver a normalizar sus vidas
En algunas comunidades, el reto no será únicamente reabrir las escuelas, sino garantizar que puedan ofrecer una atención adecuada a estudiantes que han perdido familiares, viviendas o medios de vida, o que han tenido que desplazarse a otros territorios. Preparar a docentes y comunidades educativas para responder adecuadamente a estas situaciones será una condición indispensable para garantizar el derecho a la educación durante el nuevo curso escolar.
