Manos Unidas avanza junto a sus socios locales en Tigray en la recuperación de las comunidades golpeadas por la guerra y la sequía
En la región etíope de Tigray, con apoyo de la AECID. Manos Unidas y Chain of Love avanzan en la recuperación agrícola y económica de comunidades afectadas por la guerra y la sequía
(Manos Unidas).- Manos Unidas, junto a la organización local Chain of Love, trabaja con las comunidades rurales del norte de Etiopía, tremendamente afectadas por las consecuencias de la guerra y del cambio climático, en el robustecimiento de los medios de vida.El plan se centra en la seguridad alimentaria, la recuperación de la actividad agrícola y ganadera, y el empoderamiento económico de las mujeres.
El proyecto, cofinanciado por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), se desarrolla en la woreda de Embasainety, una zona rural del centro de Tigray cuya población depende mayoritariamente de la agricultura de secano y de la ganadería. La guerra, la destrucción de infraestructuras, la pérdida de ganado, la falta de insumos agrícolas y la creciente irregularidad de las lluvias han agravado una situación ya marcada por la pobreza y la inseguridad alimentaria.
En este contexto, la intervención combina actuaciones de irrigación, rehabilitación ambiental, mejora de los servicios veterinarios, generación de ingresos para mujeres y fortalecimiento comunitario.
Durante el primer semestre de ejecución, el equipo de Manos Unidas se ha desplazado a terreno para seguir de cerca las principales actuaciones, constatando avances significativos en varias líneas de trabajo.
Avances en irrigación y producción agrícola
En la cuenca hidrográfica de Mis’ema, las obras de irrigación progresan de forma positiva. En Aby Cha’a se está construyendo una infraestructura de derivación que permitirá regular el caudal del río para su uso agrícola, junto con muros de contención y estructuras de protección del cauce. Esta actuación permitirá poner en riego nuevas tierras y mejorar la capacidad productiva de los hogares agricultores.
Por otra parte, en Tukul, la rehabilitación del canal de riego ha alcanzado aproximadamente el 78 % de ejecución, con trabajos ya realizados de limpieza, excavación, nivelación y construcción de muros de contención.
Estas infraestructuras tienen un impacto directo sobre la vida de las familias agricultoras. Frente a un modelo dependiente de una única cosecha anual y de lluvias cada vez más imprevisibles, los nuevos sistemas de riego permitirán diversificar la producción y facilitar hasta tres cosechas al año, incluyendo cereales, hortalizas, frutas y forraje para el ganado.
Tal y como trasladó Emanuel Waldegabreel, ingeniero de Chain of Love, «la intervención está contribuyendo de manera significativa al desarrollo de los sistemas de riego» y abre perspectivas positivas para mejorar la productividad agrícola de la zona.
Mejora de los servicios veterinarios
El proyecto también avanza en la construcción de una nueva clínica veterinaria en Nebelet, una infraestructura clave en una woreda donde la ganadería constituye una fuente esencial de alimento e ingresos. La clínica contará con espacios diferenciados para laboratorio, sala de esterilización y oficina, además de una estructura exterior para vacunación del ganado.
Su objetivo es mejorar el acceso a servicios veterinarios para miles de hogares ganaderos, con especial atención a los hogares encabezados por mujeres. Hasta el momento, las obras han progresado con la cimentación, los muros y el bloque de servicios higiénicos, y se prevé que puedan finalizar entre junio y julio, quedando pendientes la cubierta, los enlucidos, la instalación eléctrica y otros trabajos finales.
Generación de ingresos para mujeres
Uno de los hitos más relevantes de esta primera fase del proyecto fue la primera distribución de aves de corral a mujeres cabeza de familia, en el marco de las actividades de generación de ingresos.
El 22 de mayo, en Nebelet, Chain of Love organizó la entrega de 15 pollos a cada una de las 350 mujeres beneficiarias previstas en esta primera fase, alcanzando un total de 5250 aves distribuidas.
Además, cada mujer recibió 150 kilos de alimento para aves, junto con productos veterinarios y medicamentos para garantizar el buen estado de los animales.
La entrega se diseñó con criterios productivos: el 85 % de las aves distribuidas eran hembras y el 15 % machos, con el objetivo de favorecer la reproducción y la producción de huevos en los hogares beneficiarios.
Esta actividad no se plantea como una ayuda puntual, sino como una inversión en medios de vida, ya que permitirá a las mujeres generar ingresos propios, mejorar la alimentación familiar y reforzar su autonomía económica.
A lo largo del proyecto, 700 mujeres recibirán aves de corral y otras 450 serán apoyadas con pequeños rumiantes, beneficiando en total a 1150 mujeres mediante actividades ganaderas adaptadas al contexto local.
Recuperación ambiental y fortalecimiento comunitario
El proyecto ha completado ya varias actividades importantes, como la creación y apoyo a dos comités de agua en Aby Cha’a y Tukul, un taller de resolución de conflictos y la selección de beneficiarias para las actividades de generación de ingresos.
En paralelo, continúan en marcha los trabajos de protección y recuperación ambiental de la cuenca, centrados en la rehabilitación de barrancos erosionados mediante la construcción de muros de contención con gaviones y presas de piedra suelta.
Estas actuaciones permiten frenar la escorrentía, reducir la pérdida de suelo fértil y favorecer la acumulación de sedimentos durante la temporada de lluvias. Con ello, se busca recuperar zonas degradadas, proteger las tierras agrícolas situadas aguas abajo y facilitar posteriormente la siembra de cultivos forrajeros, reforzando así la resiliencia de la cuenca y de las familias que dependen de ella.
Formación y empoderamiento económico
A nivel formativo, 12 mujeres líderes de distintas tabias de Embasainety participaron durante el mes de mayo, en la localidad de Hawzien, en una formación de una semana sobre asociaciones comunitarias de ahorro y crédito y actividades generadoras de ingresos.
Estas mentoras actuarán ahora como formadoras en cascada, replicando los aprendizajes en 61 asociaciones VSLA y alcanzando aproximadamente a otras 1199 mujeres beneficiarias.
Las sesiones abordaron conceptos básicos de finanzas, ahorro, generación de ingresos y planificación económica, utilizando herramientas participativas como el Vision Road Journey, que permite a las participantes proyectar objetivos personales y familiares.
En las próximas semanas está previsto completar esta línea de trabajo con nuevas formaciones en metodología GALS, orientadas al empoderamiento económico y a la igualdad de género.
La perspectiva de género, eje transversal
La mirada de género atraviesa el conjunto de la intervención. La Oficina de la Mujer de la woreda ha tenido un papel relevante en la revisión y validación de la selección de beneficiarias, especialmente para asegurar que los hogares encabezados por mujeres no quedaran excluidos.
Maasa, responsable de género de la woreda, subrayó la importancia de contar con su oficina durante estos procesos, ya que trabaja directamente con diferentes grupos de mujeres y puede asesorar sobre criterios de elegibilidad.
Por su parte, Zigat, representante de la Women Office, destacó la necesidad de fortalecer las capacidades de las representantes locales de mujeres y avanzar en su empoderamiento.
Ambas responsables alertaron también sobre la relación entre pobreza, analfabetismo y falta de oportunidades, señalando que, sin una base económica estable, la alfabetización difícilmente se convierte en una prioridad para muchas mujeres.
También señalaron la urgencia de avanzar en procesos de acompañamiento psicosocial y trauma healing, dada la alta incidencia de violencia basada en género y los impactos de la guerra en la vida de las mujeres.
Desafíos y próximos pasos
Las autoridades locales han mostrado una valoración positiva del proyecto. Abrha Waldai, líder de la woreda, lo describió como «un proyecto único en la región», especialmente por las escasas oportunidades de financiación existentes en el ámbito agrícola y de irrigación.
Desde la Administración local se destaca su implicación desde el inicio de las obras, tanto en los sistemas de riego de Mis’ema y Tukul como en la construcción de la clínica veterinaria.
No obstante, la ejecución no está exenta de dificultades. El incremento del precio del combustible está encareciendo el transporte de materiales y el uso de generadores, mientras que la subida de los precios del cemento, de los materiales de construcción y del ganado obliga a revisar determinados costes.
También se han identificado retos vinculados a la movilización comunitaria, la participación de las mujeres en determinadas actividades y la existencia de conflictos comunitarios históricos.
En Tukul, por ejemplo, se ha trabajado en la mediación de un conflicto antiguo relacionado con el paso de un canal por terrenos privados. La integración de mecanismos de resolución de conflictos y construcción de paz es, por ello, una dimensión clave del proyecto.
En los próximos meses está previsto continuar con la finalización de las obras de irrigación antes de la temporada de lluvias, avanzar en la construcción de la clínica veterinaria, reforzar las actividades de restauración de barrancos y reforestación, poner en marcha nuevas formaciones en igualdad de género y sanación del trauma, y preparar la distribución de pequeños rumiantes a mujeres beneficiarias.
A pesar de los desafíos, los avances logrados muestran una intervención en marcha, arraigada en las necesidades de la población y acompañada por las autoridades locales, las comunidades y las organizaciones de mujeres.
En una zona duramente golpeada por la guerra, la sequía y la inseguridad alimentaria, el proyecto está contribuyendo a reconstruir capacidades, recuperar medios de vida y abrir nuevas oportunidades para las familias rurales, con las mujeres como protagonistas de la recuperación.
