El Padre Ángel visita al obispo Munilla en Alicante y le pide una sede estable para los pobres de Mensajeros de la Paz

El Padre Ángel, que sabe de aniversarios y de gestos, se despidió como se despiden quienes se reconocen hermanos en la diferencia: con un abrazo fraterno, la bendición del obispo

El Padre Ángel y acompañantes con monseñor Munilla
El Padre Ángel y acompañantes con monseñor Munilla

El Padre Ángel visitó ayer el obispado de Alicante para reunirse con monseñor José Ignacio Munilla, obispo de la diócesis de Orihuela-Alicante, en un encuentro tan cargado de humanidad como de intención práctica. El fundador de Mensajeros de la Paz quería que el prelado conociera de primera mano el trabajo silencioso y tenaz que su asociación lleva años desarrollando en la ciudad: seis años de acción social y acompañamiento a familias vulnerables en el barrio Juan XXIII, y tres décadas -treinta años ya- de atención a mujeres víctimas de violencia a través de una casa de emergencia que fue proyecto pionero en toda la Comunitat Valenciana.

Presentación de la Memoria de Mensajeros de la Paz
Presentación de la Memoria de Mensajeros de la Paz

Pero el Padre Ángel no fue solo a presentar una memoria de actividades. Fue también a pedir. Con la franqueza directa que le caracteriza, solicitó formalmente a monseñor Munilla la posibilidad de una cesión de las instalaciones donde Mensajeros desarrolla sus proyectos en la ciudad. Una petición concreta, valiente y necesaria: porque la caridad, para durar, necesita también un techo propio.

Las caras del compromiso

Al encuentro acudieron quienes mejor conocen esa obra desde dentro. Nicandro Pérez, capellán de la capilla María de Nazaret en el barrio Juan XXIII, el corazón geográfico y espiritual de la presencia de Mensajeros en Alicante, donde la asociación teje su red de acompañamiento entre familias que viven al límite. Isabel Luján, delegada de Mensajeros en Alicante, con el conocimiento preciso de quien gestiona lo cotidiano. Y Chelo Felip, presidenta de Mensajeros Comunitat Valenciana y África, y directora de la casa de emergencia para mujeres: treinta años al frente de un proyecto que nació cuando casi nadie hablaba aún de violencia de género, y que hoy sigue siendo referencia y refugio para quienes llegan sin nada y con todo el miedo del mundo a sus espaldas.

Tres mujeres y hombres de frontera, en el mejor sentido del término, que pusieron rostros y nombres concretos a lo que en otros contextos son solo cifras y estadísticas.

Padre Ángel y Chelo Felip
Padre Ángel y Chelo Felip

Más que gestión: diálogo de Iglesia

El encuentro, según los participantes, discurrió en un tono ameno y distendido que fue más allá del orden del día. Junto a los proyectos de Mensajeros, se compartieron reflexiones sobre la reciente visita del Papa León XIV a España, sus dos últimas encíclicas y el papel del pontífice en la Iglesia de hoy.

Un diálogo de fondo entre quienes, desde trincheras distintas -la caridad de calle del Padre Ángel y la reflexión episcopal de Munilla-, comparten la misma convicción de que la Iglesia solo tiene sentido cuando sale a buscar a los últimos.

Y sobre todo ese encuentro planeaba una coincidencia que no pasó desapercibida. Ayer, el obispo Munilla celebraba sus 40 años de ordenación sacerdotal. Cuatro décadas al servicio del Evangelio, marcadas por una trayectoria intensa, a veces polémica, siempre comprometida.

El Padre Ángel, que sabe de aniversarios y de gestos, se despidió como se despiden quienes se reconocen hermanos en la diferencia: con un abrazo fraterno, la bendición del obispo y los mejores deseos para un día que, en la vida de un sacerdote, pesa y brilla a partes iguales.

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