Domingo de ramos, la visión escatológica

Sursum Corda: Guillermo Gazanini
29 mar 2015 - 07:08

La preparación llega a su fin. Cuarenta días pasan para llegar al momento donde alzamos las palmas y vitoreamos al hombre que anuncia el Reino de los cielos. Viene montado en un burro, un animal de profundas raíces bíblicas, como aquéllos que sirvieron de montura a los Jueces de Israel, el Rey anunciado por Zacarías, montado en un borriquillo, en el pollino de una asna. Un animal compañero que sirvió a sus padres para llevarlos a Belén, para salvarlos de la persecución y matanza de Herodes y, ahora, las profecías se cumplen cuando el Mesías llega a Jerusalén en la antesala de su Pasión.

Un domingo de ramos donde encontramos el significado del triunfo que vendrá después de la muerte. En su tiempo, Jesús fue recibido como el libertador, pero las cosas se han hecho nuevas en Él. La palmita es sólo emblema donde reconocemos la soberanía de alguien poderoso. La lectura completa de la Pasión nos acercará al drama donde el poder humano parece triunfar sobre un hombre, humillado, solo, abandonado.

La procesión de palmas rescata y nos compenetra en el misterio de Cristo, Hijo de Dios vivo. El pueblo expresa y canta una gran fe solemne al saber que el Reino de los Cielos está ya entre nosotros. Nuestra realidad parece estar en momentos muy graves y de espesa oscuridad. Sin embargo, el Pueblo de Dios alza sus palmas en señal de reconocimiento de una soberanía distinta que vence las tinieblas. Todos en la Iglesia reconocemos este deseo profundo del espíritu para asociarnos en Cristo. Tener presentes todo lo que somos individual, familiar y colectivamente y ponerlo en este misterio de amor donde Cristo abraza a todos y recibe con humildad el homenaje sincero del corazón simple que, humillado, conoce sus limitaciones. Nuestras palmitas no son realmente lo importante, lo es el hecho de reconocer a Jesucristo como nuestro guía y líder, Señor y Maestro, encabeza la procesión de toda la comunidad, de la humanidad entera para inducirnos al triunfo final.

Tengamos en cuenta en este domingo de ramos a todos los que marchan en procesión triunfal, a lo largo y ancho del país, para encontrarse con los hermanos y vivir, desde su realidad, estos misterios; por los misioneros que dejan casa y comodidad para anunciar la Buena Nueva, para acompañar al Señor con las palmas del triunfo pascual en sus manos.

También te puede interesar

Lo último

stats