Iglesia con visión de futuro

Sursum Corda: Guillermo Gazanini
27 nov 2018 - 09:36

Editorial. Semanario de Guadalajara No. 1138 / Con la mirada puesta en los dos mil años de la redención y los 500 años de las apariciones de la Virgen de Guadalupe, e instrumentando un proyecto global pastoral para todo el país, los Obispos de México renuevan la Conferencia Episcopal Mexicana, CEM.

Reunidos en Asamblea Plenaria, asumen los retos que enfrentará la Iglesia Católica en México, los próximos años. Monseñor Rogelio Cabrera, arzobispo de Monterrey, fue elegido para el período 2018 2021.

Previamente, en su diagnóstico, el Cardenal José Francisco Robles Ortega, estableció que se entreveía un cambio profundo en la vida política de México. Un nuevo perfil de votantes aunado a un hartazgo creciente ante la corrupción, la violencia y la injusticia parecían indicaban que el pueblo mexicano buscaba una nueva alternativa de gobierno, y que el resultado de las elecciones rebasó a la gran mayoría de los analistas. Un partido fundado hace cuatro años logró una importante mayoría en las cámaras, en diversos órdenes y niveles de gobierno e incluso la Presidencia de la República.

En este escenario, los obispos se preguntan: ¿Cuál es nuestro papel como cristianos y como Pastores?

Aclara que a Iglesia no tiene una misión político-partidista o político-gubernamental. En ese sentido, la Doctrina Social enseña cómo fortalecer a nuestro pueblo para que no sea masa informe, para que sea una auténtica comunidad capaz de ser sujeto y no solo objeto del poder, para que ella misma vuelva a reconstruir su tejido social. El camino son los principios de solidaridad, bien común y opción por los pobres, más vigentes que nunca.

Pastoralmente, la principal contribución al fortalecimiento de la sociedad, es “ser-Iglesia” al estilo de Jesús. Las comunidades construyen a la Iglesia como comunión y a la sociedad como sujeto capaz de participación y reforma, por eso la comunidad de creyentes son generadores de sociedad civil.

Subraya en su diagnóstico que “tenemos que aprender todos como Iglesia a ser sociedad responsable, creativa y crítica”. Así la fe contribuirá a la edificación de una sociedad más justa y fraterna.

Ningún gobernante por sí mismo tiene todas las ideas y las soluciones. Es responsabilidad nuestra, seguir participando cívicamente, siempre con respeto de los derechos humanos y del auténtico bien común.

La educación y el combate a la pobreza, la verdad y la libertad, el respeto a la diferencia y la búsqueda de consensos, son los caminos para vencer la desigualdad, el egoísmo y el abuso.

Los ciudadanos católicos deben redoblar su compromiso para que el testimonio de la entrega y la generosidad, iluminen la vida social, con el evangelio de la vida, de la paz y de la solidaridad.

Algunos de los frutos de esta Asamblea, son la presentación del Plan Nacional de Construcción de Paz 2018, un documento con planteamientos y respuestas pastorales para enfrentar la realidad de la violencia, y corrupción en la que se encuentra el país, y las propuestas de la Comisión de Protección de Menores.

Necesitamos seguir construyendo un México reconciliado, justo y fraterno que reivindique la dignidad de los más pobres y excluidos, la vida del no-nacido, el bien de las familias y la auténtica libertad religiosa.

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