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¿Por qué me voy de Religión Digital?
“Oye mi hijo, lo que te voy a decir:
No te aflija cosa alguna, ni temas enfermedad ni otro accidente penoso” (Nican Mopohua)
Homilía de Fray Raúl Vera López, O.P. Obispo de Saltillo
Pronunciada en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe
Con motivo de la Peregrinación Anual de la Diócesis de Saltillo
Ciudad de México, 12 de julio del 2017
La sabiduría se transmite cuando se colabora en proyectos del Reino
Desde las palabras del libro del Sirácide que se han proclamado, podemos reflexionar acerca de la
sabiduría que contiene el Evangelio de Jesús, cuya predicación vino a apoyar la Virgen María,
Nuestra Señora de Guadalupe, en estas tierras de América. Impregnada de la sabiduría del
Evangelio de su Hijo, la Virgen María nos enseña el verdadero sentido de la vida humana. Como
fiel creyente mujer, abierta a la palabra de Dios a través de Moisés y de los profetas, que se
proclamaban en las Sinagogas y en toda fiesta y conmemoración judía en las que ella participaba,
conocía de antemano lo que vendría a realizar el Mesías, cuando todavía ni siquiera imaginaba
que estaba ya elegida desde la eternidad, para que el Hijo de Dios se encarnara en su seno, y
naciera de ella como hombre verdadero.
Isabel llamó bienaventurada a María porque creyó todo lo que el Señor le había anunciado y
gracias a su colaboración, todo llegaría a cumplirse en su debido tiempo, como lo afirma el Apóstol
San Pablo en la Carta a los Gálatas: “Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo,
nacido de una mujer” (Gal.4,4). La plenitud de gracia que llena a María para cumplir con la misión
que recibió de ser la madre de Jesús (Cf.Lc.1,28) y de la humanidad entera, que su mismo Hijo le
encomendó desde la cruz (Cf.Jn.19,26), es expresada por la Iglesia en la celebración litúrgica de la
Fiesta de la Virgen de Guadalupe, al tomar el libro del Sirácide para poner en labios de María las
enseñanzas de la Sabiduría divina que este libro de la literatura sapiencial de la Biblia contiene.
Palabras como: “Yo soy la madre del amor, del temor, del conocimiento y de la santa esperanza. En
mí está toda la gracia del camino y de la verdad, toda esperanza de vida y de virtud. Vengan a mí,
ustedes, los que me aman y aliméntense de mis frutos” (Sir.24,22-26), que en el texto sagrado se
refieren a la Sabiduría divina, puestas en boca de María sintonizan completamente con su espíritu,
conforme a la imagen que de ella tiene la Iglesia en la Tradición. Con esas palabras entendemos
que ella es la madre de la esperanza por su dulzura y cercanía familiar con Dios uno y trino, Padre,
Hijo y Espíritu Santo. Ella está asociada de manera especial al trono de la gracia por su maternidad
divina, y desde el fondo de su ser y con grande alegría y entrega (Cf.Lc.1,38;46-49), desde un
principio con todas sus cualidades femeninas, se puso al servicio del proyecto redentor de la
familia humana, como colaboradora de su Hijo.
El Dios que nace de una mujer, es capaz de rescatarnos
Con las palabras de San Pablo: “Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de
una mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estábamos bajo la ley, a fin de hacernos hijos
suyos” (Gal.4,4), analizamos el significado de la presencia de María en el misterio de la redención
realizado por Jesús, su Hijo. Si bien en la anterior reflexión sobre el texto de la Carta a los Gálatas
del Apóstol San Pablo pusimos nuestra atención en la esencia de la mujer, en esta segunda
reflexión nos centramos en el lugar que María tiene en la acción salvadora de Dios.
La evangelización que María de Guadalupe viene a impulsar en este Continente, anuncia el
misterio de la redención humana, y a través de él salimos de las tinieblas del pecado para empezar
a vivir dentro de la luz de la Sabiduría divina que encontramos en la persona de Jesús. Él nace de
una mujer para vivir con nosotros y en nosotros, para enseñarnos quién es Dios nuestro Padre y
quién es el hombre, mostrándonos con su misma palabra y con sus actitudes, cuál es el camino
que nos lleva a la plenitud de la vida personal y comunitaria, y en armonía con toda la familia
humana.
Cuando el Papa Francisco visitó México el año pasado, desde esta misma Basílica de Nuestra
Señora de Guadalupe nos recordó que cuando ella pidió a Juan Diego su ayuda para la
construcción de su “casita sagrada”, éste “en repetidas ocasiones le dijo a la Virgen que él no era
la persona adecuada, al contrario, si quería llevar adelante esa obra tenía que elegir a otros ya que
él no era ilustrado, letrado o perteneciente al grupo de los que podrían hacerlo. María, empecinada
con el empecinamiento que nace del corazón misericordioso del Padre le dice que no, que él sería
su embajador. Así logró despertar algo que él no sabía expresar, una verdadera bandera de amor y
de justicia: En la construcción de ese otro santuario, el de la vida, el de nuestras comunidades,
sociedades y culturas, nadie puede quedar afuera. Todos somos necesarios, especialmente
aquellos que normalmente no cuentan por no estar a la “altura de las circunstancias” o no “aportar
el capital necesario” para la construcción de las mismas... Al venir a este Santuario nos puede
pasar lo mismo que le pasó a Juan Diego, mirar a la Madre desde nuestros dolores, miedos,
desesperaciones, tristezas y decirle: “¿Qué puedo aportar si no soy un letrado?”. Miramos a la
madre con ojos que dicen, son tantas las situaciones que nos quitan la fuerza, que hacen sentir
que no hay espacio para la esperanza, para el cambio, para la transformación”. Esa es parte del
mensaje que el Santo Padre nos dijo entonces, y con ello nos anima a que regresemos a la casa
de nuestra Madre a fortalecer nuestra confianza en ella, en nosotras y nosotros mismos, y en
nuestro pueblo mexicano que está lleno de dones y cualidades para construir el país que
anhelamos.
Lo que la solidaridad entre mujeres significa en nuestra Iglesia
En el evangelio de hoy vemos el momento en que Isabel reconoce la luz que ya irradiaba María
desde su embarazo, es de esta lectura de la que constantemente repetimos en el Ave María
cuando rezamos: “¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!” (Lc.1,42). Es el
reconocimiento de una mujer a otra por lo que es y lo que va a desarrollar en la vida; es ubicar la
fortaleza que una mujer puede dar a otra, y a cada hermana, amiga, comadre, vecina, compañera.
Es celebrar el encuentro y hacer pactos de solidaridad y vida que sobre todo las mujeres pueden
crear, ellas que son portadoras de vida, salud, cuidadoras de la tierra, del campo, que preparan la
vida en torno al fuego, con huertos familiares y medicina natural, que buscan a sus desaparecidos,
que ofrecen ayuda en situaciones de desastre y necesidad, las que hacen alianzas y coordinan
acciones. Dos mujeres de fe que saben del proyecto histórico de salvación de Dios y del papel que
cada una tiene en él de manera activa. Las mujeres del evangelio han decidido por sí mismas y por
un proyecto de vida.
Dios manifiesta sus buenas noticias y a lo largo de la historia ha elegido a las mujeres para que
sean ellas quienes evangelicen; en los textos que se nos han proclamado hoy, por un lado tenemos
a María quien acepta llevar en su vientre al Hijo de Dios y comprometerse con su misión y, por otro
lado, a Isabel quien al confirmarle la noticia, le dice con la humildad de San Juan Diego: “¿Quién
soy yo, para que la madre de mi Señor venga a verme?” (Lc.1,43). Con la simplicidad y frescura de
la amiga y parienta, que se alegra y agradece la visita de quien será la madre de Dios.
Para la clausura del Jubileo de la Misericordia en noviembre del año pasado, el Papa Francisco
nos ofreció una Carta Apostólica que habla de la relación entre miseria y misericordia, y con ella
nos pide superar nuestro individualismo a través de nuestro compromiso y responsabilidad para
que podamos reconocer la dignidad de cada persona humana. Dice en su Carta: “Todavía hay
poblaciones enteras que sufren hoy el hambre y la sed, y despiertan una gran preocupación las
imágenes de niños que no tienen nada para comer. Grandes masas de personas siguen emigrando
de un país a otro en busca de alimento, trabajo, casa y paz. La enfermedad, en sus múltiples
formas, es una causa permanente de sufrimiento que reclama socorro, ayuda y consuelo. Las
cárceles son lugares en los que, con frecuencia, las condiciones de vida inhumana causan
sufrimientos, en ocasiones graves, que se añaden a las penas restrictivas. El analfabetismo está
todavía muy extendido, impidiendo que niños y niñas se formen, exponiéndolos a nuevas formas
de esclavitud” (Misericordia et misera. No.18). Es ahí hacia donde debemos inclinar nuestra mirada
y actuar, la solidaridad como la de las mujeres del evangelio.
Nuestros más profundos dolores que hemos venido a presentar
En las zonas desérticas de la Diócesis de Saltillo nuestra gente padece hambre y sed, la infancia
está expuesta a la inanición y por falta de alimentos se acercan al riesgo de estar condenados a
tener una asimilación atrofiada de su aprendizaje escolar. En Coahuila existe un acelerado
abandono de la seguridad social en el rubro de la salud. El sufrimiento que padecen mujeres y
hombres pobres, orillados a condiciones infrahumanas de vida, está cada vez más extendido. Los
trabajadores de las zonas mineras, especialmente de la parroquia de Sierra Mojada, en Hércules,
siguen padeciendo las consecuencias de haberse atrevido a exigirle a la empresa Minera del Norte
mejores y más seguras condiciones de trabajo, luchando por su libertad sindical; en estos
momentos sufren las represiones que trae consigo haber apelado a un derecho constitucional.
A principios de este mes también el Santo Padre dijo a jefes de Estado que participaron en la 40
Conferencia de Naciones Unidas de la FAO (Organización de Naciones Unidas para la
Alimentación y la Agricultura, celebrada del 3 al 8 de julio del 2017 en Roma) que si echamos una
mirada al mundo, no obtenemos imágenes consoladoras, y cuando les hablaba de guerras,
terrorismo y desplazamientos forzados, les decía que debemos hacernos más concientes, pues
ello no es resultado de fenómenos naturales ni estructuras de áreas geográficas determinadas,
sino que son causa de la inercia y el egoísmo de unas cuantas personas. En ese mensaje fue muy
claro al señalar: “Se trata de un mecanismo complejo que fustiga ante todo a las categorías más
vulnerables, excluidas no sólo de los procesos productivos, sino también obligadas a menudo a
dejar sus tierras en busca de refugio y esperanza de vida”. En la Diócesis de Saltillo tenemos a los
campesinos de los ejidos de General Cepeda, que empiezan a padecer las consecuencias de la
instalación de un depósito de residuos tóxicos y peligrosos, cuyas consecuencias ya empiezan a
experimentar, con la muerte de animales domésticos y la epidemia de una irritación inexplicable de
los ojos, en los habitantes de los ejidos vecinos al confinamiento.
Nos pide el Santo Padre “hacer que crezca una cultura basada en el redescubrimiento del
encuentro con los demás, en la que ninguno mire al otro con indiferencia ni aparte la mirada
cuando vea el sufrimiento de los hermanos” (Misericordia et misera. No.20). Nuestro Pastor
Universal solicita que nos hagamos cargo del cuidado de unos a otros, de unas a otras, para que
no volvamos a caer en la trampa que nos pusieron de sospechar de los vecinos, de halconear por
miedo, de acusarnos sin razón. Debemos fortalecer nuestras redes con amistades, colegas,
vecinos, colectivos y organismos, para que podamos enfrentar juntos el tiempo que viene. Caray,
no se los pido solamente yo, les digo que el Papa nos recuerda el carácter social de nuestro ser
cristianos católicos y nos invita a “descubrir la alegría de compartir y la belleza de la solidaridad”,
pues debiéramos sentirnos “obligados a no quedarnos inmóviles y a desterrar la indiferencia y la
hipocresía” de en medio de nuestras comunidades (Misericordia et misera. No.19).
Otra realidad que nos toca poner en este altar frente a nuestra Madre de Guadalupe, a nivel local y
estatal es lo referente al pasado proceso electoral de Coahuila. Establece el Artículo 41 de la
Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos que debe anularse la elección en la que el
candidato ganador rebase el tope de gastos de campaña de una elección en más de un 5% de lo
autorizado, y la diferencia entre el primer y el segundo lugar sea menor al 5% y que en la elección
extraordinaria “no podrá participar la persona sancionada”. Si la Comisión de Fiscalización del INE
(Instituto Nacional Electoral) resuelve el que debe darse por anulada la elección o si el Tribunal
resuelve validarla, nos enteraremos y hasta entonces confirmaremos si prevalecerá o no el mismo
grupo político en el poder. Pero si la ciudadanía que se volcó a las calles para exigir respeto a sus
sufragios, sigue levantando su voz y capacitándose civil y políticamente, será ya un triunfo y con
ello una esperanza para el estado.
De igual manera en torno a Coahuila, acercamos a la Virgen la petición que organismos de
Derechos Humanos del país y a nivel internacional, por medio de la FIDH (Federación Internacional
de Derechos Humanos), han hecho a la Corte Penal Internacional (CPI) en La Haya, para que
haga valer su competencia para abrir una investigación a partir de la comunicación en la que se
acusa a autoridades y funcionarios del estado de Coahuila no sólo de pasivos, sino de complicidad
y cooperación a través de grupos de crimen organizado y fuerzas públicas para llevar a cabo
detenciones arbitrarias, tortura, desapariciones forzadas y ejecuciones extrajudiciales, que implican
Crímenes de Lesa Humanidad, en los periodos de gobierno del 2009 al 2016. Se ha incluido en
dicho informe lo ocurrido tanto en el municipio de Allende en marzo del 2011, como en el Cereso de
Piedras Negras del 2008 al 2012.
En el campo nacional podríamos mostrar a la Virgen un sinfín de ilegalidades, arbitrariedades y
hechos de injusticia impensables en un Estado de Derecho que sin embargo saturan nuestro país y
que el gobierno pretende habituarnos a ellas. La concentración de poder, las complicidades, las
leyes a modo, la cooptación de los medios, la corrupción y el cinismo de las autoridades son cada
vez más evidentes y atroces. Las represiones y los crímenes de Estado son cada vez más y más
constantes. No podemos dejar de mencionar los feminicidios y asesinatos a periodistas, líderes
sociales y ambientalistas. Nos ha dolido en lo más profundo de nuestro corazón la ejecución de
Meztli Sarabia Reyna, integrante de la UPVA (Unión Popular de Vendedores Ambulantes) 28 de
octubre, en el estado de Puebla. Exigimos justicia para ella y libertad para los 366 presos políticos
en ese estado, fruto del “morenovallismo”. Tras ese crimen, hijos de “Simitrio” Sarabia y Rita
Amador, han recibido nuevas amenazas, como si exigir justicia también fuera considerado delito.
En el campo internacional denunciamos hoy desde esta Basílica de Guadalupe el hecho de que los
territorios ocupados palestinos -conocidos en occidente como “West Bank”- están siendo atacados
a diario desde hace una semana por soldados israelíes. Entran al área A del campamento entre la
1 y las 3 horas de la mañana para arrestar niños y menores de edad forzando su entrada a las
casas, rociándolas de gas y disparando contra los adolescentes a quienes persiguen
supuestamente por arrojar piedras a los jeeps militares. No se trata de incursiones del gobierno de
Israel, sino de la administración civil militar israelí. Este lunes han atacado de nuevo (Bethlehem,
centro de West Bank), saliendo del campamento hasta las 7 horas; arrestaron e hirieron a menores
y ocasionaron asfixias a bebés y niños por efecto del gas; el martes arrestaron a tres chicos de 16
años y hoy miércoles asesinaron a dos jóvenes, de 17 y 20 años de edad (en Jenin, campamento
del norte de West Bank). (Estos ataques suceden en aldeas y ciudades del campamento que
pertenecen al área A, la cual está bajo autoridades palestinas políticas y de seguridad, ya que el
área B está bajo autoridad política y social palestina, e Israel controla su seguridad, sin embargo el
área C del campamento de refugiados palestinos está totalmente controlado por israelíes). ¿Qué
pedimos a nuestra Madre al respecto? No sólo que proteja la vida y seguridad de las familias que
viven en estos campamentos y quienes por generaciones han nacido bajo el estatus de refugiados,
sino que oramos por el respeto a los acuerdos políticos, por la esperanza, la libertad y la paz, pues
estos ataques hacen que las negociaciones de paz estén cada vez más distantes. Si ellos viven en
paz, también nosotros la experimentaremos; la casa común en la que habitamos debiera
acuerparnos a todos, para ello no son válidas las excepciones.
Santa María de Guadalupe le dijo a San Juan Diego con toda ternura que ella era su madre, y
dichosa de serlo, le hizo saber a él que ella le daría su protección y amparo, pues ella es vida y
salud, y le ofreció su regazo para que fuera satisfecha cualquier necesidad que él tuviera. Lo
profundo del amor, la unidad, misericordia, compasión y sabiduría de mujer, fue volcada hacia un
alma pura; ella tiene predilección extraordinaria por personas simples, sobre todo cuando se trata
de ser portavoz hacia personas complejas. Hagámonos como niños para ser también las y los
consentidos de María de Guadalupe. Si bien es cierto que América Latina y México son lugares de
esperanza, también lo son de violencia y corrupción, y ante cualquier amenaza que tengamos,
debemos dejarnos hablar por la Virgen para sentir siempre el calor de su voz que nos dice: “¿No
estoy yo aquí que soy tu Madre?”.
Desde esta Basílica en la que Santa María de Guadalupe nos reúne como hijas e hijos suyos,
pidamos fuerza a nuestra madre común para seguir adelante con nuestro proyecto diocesano de
pastoral, y cada uno de nuestros proyectos personales y familiares, y para que el Espíritu Santo
nos ayude en nuestro compromiso de fortalecer el cuidado entre nosotros, sus hijos, y así
testimoniar la presencia del Reino de Dios.
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