Patrimonio de los mexicanos que el tiempo carcome

Sursum Corda: Guillermo Gazanini
08 ago 2015 - 00:17

Vladimir Alcántara / SIAME. 07 de agosto.- En 1675 el sacerdote jesuita Juan Bautista Zappa trajo de Italia a la Cuidad de México la imagen de Nuestra Señora de Loreto, figura preciosa que, después de un siglo y medio de ocupar sitios provisionales, sería colocada finalmente en su morada definitiva al concluirse el templo erigido en su honor, una majestuosa obra que el arquitecto Agustín Paz y el ingeniero Ignacio Casterena comenzaran a construir en 1809; ambos darían por finalizados los trabajos en 1816, sin imaginar que, al paso del tiempo, la estructura iría cediendo a la movilidad del suelo, registrándose daños tanto en los muros como en la cúpula, considerada una de las más grande de América, cuyo diseño se atribuye al arquitecto y artista Manuel Tolsá. Sobre la historia del templo de Nuestra Señora de Loreto y el deterioro que ha venido sufriendo, nos hablan el P. Lauro Muñoz, custodio del recinto, y su asistente, Anastasio Juárez Herrera, conocedor apasionado del arte sacro.

El P. Lauro Muñoz comenta que lo que es hoy la Rectoría de Nuestra Señora de Loreto, dado que fue construida entre 1809 y 1816, fue el último templo erigido en el Virreinato novohispano y el primero del México independiente. “El predio antes era ocupado por la Capilla del Bautisterio perteneciente al templo de San Pedro y San Pablo, y sobre éste fue erigida la monumental obra arquitectónica, que en los años subsecuentes presentó sus primeras fallas estructurales, debido principalmente a la limitada capacidad de carga del subsuelo, que hacía que las construcciones pesadas prontamente presentaran hundimientos y comenzaran a sufrir algunas resquebrajaduras. Así, en 1832, el recinto fue cerrado debido a la visible inclinación de la estructura, y no sería reabierto sino hasta 1850, tras 18 años de espera, cuando se dictaminó que el hundimiento no representaba peligro para quienes acudieran al templo”.

El sacerdote señala que, a más de un siglo y medio de su reapertura, no existe el riesgo de que el templo se venga abajo; sin embargo, actualmente se corre el peligro de que a alguien le caiga en la cabeza un pedazo del aplanado del techo; “este se está desprendiendo constantemente y en ocasiones han caído capas de yeso, que afortunadamente no han golpeado a nadie. Es peligroso que permanezca así, y por eso nos urge arreglarlo, pero no nos ha sido posible, ya que por un lado no contamos con los recursos económicos para darnos a la tarea, y por otro, en caso de conseguirlos, tendríamos que esperar la autorización y asesoría técnica del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), ya que la Rectoría de Nuestra Señor de Loreto es un recinto histórico que no puede ser intervenido sin la anuencia y conducción de los especialistas”

Entre los daños más graves que presenta esta iglesia –comenta el sacerdote–, están el deterioro de la cúpula, una de las más grandes de América, con 20 metros de altura desde el tambor hasta el vértice del casquete, y 19 metros de diámetro; y el agrietamiento de las torres, por cuya parte exterior se puede ver que ha crecido mucha vegetación parásita que ha echado raíz hacia el interior de la estructura, ocasionando humedad y daños en todo el techo. “La nave principal ya está en muy malas condiciones, y hasta los arcos, que se supone que están hechos para soportar todo el peso de la iglesia, ya presentan fracturas notables”.

El P. Lauro Muñoz refiere que en 1995 se realizaron algunos trabajos de restauración en los muros y en la cúpula, la cual fue impermeabilizada y enladrillada; dos años después se restauró uno de sus vitrales, y finalmente en 2009 se intervinieron las pechinas sobre las que se yergue esta cúpula; “no obstante de dichas reparaciones, este es un templo que requiere de mucho más, pues se trata de una obra arquitectónica de gran envergadura, que demanda cuidados constantes y una inversión seria por parte del gobierno, una inversión que por lo menos este año no se tendrá”, lamenta.

Respecto a lo que el visitante puede admirar en la Rectoría de Nuestra Señora de Loreto, Anastasio Juárez Herrera señala que en el interior hay bellísimas pinturas del siglo XVIII, como la de san Gregorio, la de san Ciro, la de san Ignacio y la de la Virgen de Guadalupe, que se atribuyen a artistas de la escuela de Miguel Cabrera. Además hay otras pinturas más antiguas, como la de la Visitación de la Virgen, que complementan la de san José y la de Zacarías; aunque ahora las tres están colocadas por separado, se cree que pertenecieron a un mismo retablo que en algún momento fue dividido. “En las pechinas que se hallan bajo la cúpula, anteriormente se podían apreciar algunas pinturas que, de acuerdo con el investigador Alejandro García, fueron la única obra religiosa de Saturnino Herrán, uno de los destacados pintores mexicanos de la fase del indigenismo; verdaderas obras de arte de las cuales ya sólo quedan algunas esquinas o pinceladas sueltas que no ofrecen una mínima idea de lo que el artista representó, pues la humedad formó salitre en el yeso, ocasionando que éste se desprendiera y las pinturas se cayeran a pedazos”.

Juárez Herrera comenta que si bien la Iglesia de Nuestra Señora de Loreto fue erigida por el arquitecto Agustín Paz y el ingeniero Ignacio Casterena, gran parte del diseño original correspondía a Manuel Tolsá, quien en un inicio acogió el proyecto de la construcción de este templo, hecho como un exvoto de la ciudad –es decir, de autoridades eclesiásticas y civiles–, como agradecimiento a Nuestra Señora de Loreto por haber librado a la región de la peste del Matlazahuatl. “Es un templo tan perfectamente diseñado, que a pesar del notorio hundimiento por uno de sus lados, la estructura sigue firme; se ha inclinado completa, como si se tratara de una sola pieza. Como mexicanos, debemos sentirnos privilegiados de tener entre nuestro patrimonio un recinto donde la historia, la arquitectura y el arte ocupan uno de los primeros planos”.

El P. Lauro Muñoz comenta que recientemente quiso contratar a personas para que cortaran la hierba parásita que se ha formado por todo el exterior del templo, pero por esos días se presentaron autoridades de Conaculta que le impidieron hacerlo, bajo el argumento de que se requiere de especialistas para realizar ese trabajo. “Acordamos que yo contrataría a esas personas para el día en que los expertos vinieran; pero es día en que no vienen y el templo se sigue dañando”.

“Las paredes del templo requieren pintura, pero también para pintar se necesita la autorización de Conaculta. Nos dicen que sí, pero hasta que ellos tengan oportunidad de venir. Quisiera ponerme a trabajar ya para que el templo no se siga dañando, pero hacerlo sin el permiso y el asesoramiento correspondientes, representaría un delito federal. En Conaculta siguen con sus informes; vienen, los redactan y probablemente después los archivan. Sería bueno, por un lado, que las autoridades nos agilizaran este apoyo; y por otro, que alguna institución de la iniciativa privada pudiera aportar recursos económicos para el rescate integral de este templo, como recientemente lo ha solicitado el P. Alfredo Ramírez Jasso, titular de la Comisión de Arte Sacro para la VI Vicaría, a través de un proyecto de apadrinamiento de templos históricos, en el que el nombre de la empresa o “padrino” se colocaría en una placa a la entrada del recinto, y se harían los trámites ante la Secretaría de Hacienda y Crédito Público para su exención de impuestos”, finaliza el P. Lauro Muñoz.

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