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Desde la fe / 11 de julio.- Hace 22 años, el segundo Obispo de Tehuacán, Norberto Rivera Carrera, estaba a punto de tomar posesión como Arzobispo Primado de México, en sustitución del Card. Ernesto Corripio Ahumada. Le esperaba, sobre todo, un gran reto en materia de nueva evangelización.
El II Sínodo Arquidiocesano, realizado tres años atrás, hablaba de una ciudad agobiada por la pobreza, la marginación y el subdesarrollo, en la que urgía, entre otras cosas, activar la pastoral de la opción por los pobres, y atender las condiciones de los alejados de la fe, muchos de los cuales habían emigrado a otras religiones o sectas.
En algunos medios de comunicación se decía que Mons. Norberto Rivera Carrera no era la persona idónea para suceder en el cargo al Card. Corripio Ahumada y asumir los colosales retos que tenía la Arquidiócesis capitalina; sin embargo, el obispo nacido en 1942 en La Purísima Concepción, Durango; hijo de comerciantes, asumió la encomienda y demostró lo contrario.
El 26 de julio de 1995, Mons. Norberto Rivera tomó posesión de esta Iglesia particular, y puso bajo los cuidados maternales de Santa María de Guadalupe su nuevo ministerio, en el que, desde entonces, ha dado grandes muestras de una dedicación afanosa y fiel por difundir el Evangelio, como padre y sacerdote, como hermano y servidor cercano a los fieles, a quienes ha mostrado con pasión y esmero a Cristo, Luz de las Naciones.
Como enormes fueron los retos planteados en el II Sínodo Arquidiocesano, titánica e incansable también ha sido la labor de quien el 18 de enero de 1998 fuera nombrado cardenal por el Papa Juan Pablo II. Desde su llegada a esta Iglesia, el arzobispo Rivera Carrera comenzó a desarrollar una gran labor pastoral que no estuvo exenta de críticas ni de obstáculos, como las reiteradas acusaciones sin fundamento que hasta la actualidad persisten, pero que lejos, ¡muy lejos!, han estado y estarán, de detener su celosa misión de guía y pastor.
Reconocido por importantísimas obras y acciones al frente de la Arquidiócesis, como el rescate de monumentos históricos y religiosos propiedad de la nación; el impulso de comedores y centros de asistencia social, y sus Visitas Pastorales que lo han mantenido al tanto de los problemas que aquejan a la Iglesia que peregrina en la Ciudad de México, el Card. Norberto Rivera Carrera hoy por hoy sigue siendo un pastor ejemplar, tanto en estos como en muchos otros aspectos.
A través de Desde la fe iremos publicando una serie de artículos con el fin de que los lectores conozcan más acerca de su obra, sus convicciones y su celo cristiano, como su amor por la liturgia; su diligente empresa en materia de preservación y organización de documentos históricos eclesiales; su importante trabajo en favor de los migrantes; la fructífera labor que ha realizado con los laicos arquidiocesanos, y su empeño por la formación de sacerdotes, entre otros muchos temas.
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